CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

 

 

garcia

Se marchó Gabo. Estaba empeñado en vivir para contarla pero el destino, que es quien escribe los renglones de la historia, le ha cerrado los ojos. No se va a convertir en mito, ya lo era. Muchas personas hemos disfrutado leyendo y luego nos hemos atrevido a escribir gracias a él. Recuerdo como, con unos veinte años, escribí un ingenuo relato acerca de un general precoz que después de triunfar en su juventud y sentirse idolatrado, recibe en la madurez la indiferencia de los demás y el hastío de su propia sombra. Ya entonces había leído ‘El coronel no tiene quien le escriba’, ‘El general en su laberinto’ y ‘El otoño del patriarca’, entre otros.

 

 

Le voy a rendir mi particular despedida y homenaje recordando ‘Crónica de una muerte anunciada’. Podría haber hablado de ‘Cien años de soledad’, que es la obra magna que suele aparecer en primer lugar. Sin embargo me decanto por este otro porque fue el primero que leí de este autor. Tenía dieciséis o diecisiete años y estaba en primero de bachiller. La profesora de lengua española nos dijo que escogiéramos una novela y la leyéramos para hacer un trabajo sobre ella. Desde que tengo uso de razón siento una fascinación y atracción notables por la lectura, y la escritura. Pero también fui (¿y acaso sigo siendo?) un poco vago. En aquella época adolescente me gustaba leer lo que me daba la gana, sobre todo revistas esotéricas. Resultaba cargante eso de obedecer a los profesores aunque procuraba disimular mi disgusto.

 

El caso es que acudí a una pequeña librería donde compraba los cromos de la liga de fútbol. Eché un vistazo en los exiguos anaqueles y en el expositor giratorio que hay en todas las librerías. Me llamó la atención el título: “Crónica de una muerte anunciada”. Me recordaba algo, tenía resonancias como de película del oeste. Lo tomé, vi que pesaba poco y no tenía muchas páginas, el idóneo. En aquel noviembre escurrido y frío de 1997 aún no sabía quién era ese García Márquez. Un año y medio después me enfrenté a los exámenes de la selectividad. Entonces este escritor era mi preferido sin discusión. En aquellos días, en vez de estudiar para los exámenes me dediqué a jugar al fútbol… Y a leer ‘Cien años de soledad’.

 

 

La primera impresión al leer ‘Crónica…’ fue de extrañeza. Desde la primera página sabemos que el protagonista ha muerto, ¿y entonces? Entonces empieza el embrujo. Sólo Gabo sabe, do quiera que se halle, el secreto. Pero pocas veces he leído tan rápido, con tanta emoción e intensidad, un libro. Volví a leerlo pocos meses después. Esta obra es un pequeño estudio (por la extensión) vital y mítico de una tragedia. Vital porque el propio escritor vivió aquellos acontecimientos desarrollados en su pueblo, conocía bien a los protagonistas, a los actores y actrices secundarios… Conocía bien el escenario.

 

 

Y es un estudio mítico de la tragedia porque lo que empieza como un triste suceso de esos que salpican con irremisible frecuencia los noticieros se torna en metáfora ardiente de las pasiones humanas, el instinto carnal, el instinto del deber (el superyo si queremos), la fortaleza o fragilidad de los recuerdos… Y más que nada aparece el poder de la fatalidad, irrefrenable y temible. Incomprensible. Cuántas veces no me habré preguntado: ‘si todo el mundo sabía que lo iban a matar, ¿por qué nadie atinó a avisarle?; Si los hermanos Vicario no querían matarlo en realidad, ¿por qué lo hicieron?’

 

 

El título del libro se ha hecho sinónimo, como todos sabemos, de un suceso que se veía venir y se antojaba inevitable. “Han echado al entrenador del Barcelona, era la crónica de una muerte anunciada”. Esa idea de la fatalidad ejerce una expresiva atracción aunque la aborrezcamos y nos echemos en los brazos del azar como hacen los apóstoles de Jacques Monod. ¿Por qué está tan arraigado ese sentir en el pellejo humano? No sabemos, pero el caso es que nuestro autor supo captar ese efluvio y darle forma de novela mágico-real con el toque acostumbrado.

 

Y el argumento se hace circular, y va tejiéndose una y otra vez en torno al desgraciado asesinato. En filosofía, y en ciencia, se rechazan las deducciones circulares por no apoyarse en nada que no sean ellas mismas. Es necesaria una instancia externa que justifique su corrección (en filosofía quizá un axioma; en ciencia, un dato del mundo empírico). Pero esta historia trágica, mítica, ordinaria, que nos hace caminar en círculo no deja de aportar novedades, de sacar sentimientos y recuerdos escondidos que los personajes comparten con nosotros. Y en cada vuelta del círculo hemos aprendido algo, lejos de repetirse siempre lo mismo, de producirse un eterno retorno absurdo, sentimos que la verdad se va desvelando sin revelarse jamás.

 

 

Ahora, Gabo, tú que te buscaste con las palabras como instrumento y guía, que trataste de ver entre la selva de los anhelos imposibles, las crueldades y dádivas humanas, ya no llevas el velo del sueño en los ojos. La muerte te lo ha arrebatado y vives la vigilia de los muertos, que todo lo ven y saben, que navegan con la verdad porque son la verdad. Larga vida a tu recuerdo.

 

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3 comentarios en “CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

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