PARA ANDREA VILLARRUBIA, DIFUSORA DEL VIRUS DE LA LECTURA

 

D. Quijote de la Mancha

 

Ahora que han pasado algunos años desde que Andrea Villarrubia era mi profesora de lengua española (unos dieciséis años), puedo dirigirle algunas loas sin quedar como un pelota delante de mis condiscípulos. Entre otras cosas porque mis compañeros (y compañeras, doblemos la cerviz ante la sacrosanta corrección política) están muy lejos y apenas sé nada de sus vidas. Tampoco conozco gran cosa de lo que ha acontecido desde entonces a esta apasionada defensora de los libros y su magia. Apenas algunas cosas que he visto en internet sobre su actividad fomentando el gusto por la lectura (como ven, el título del post aúna la ironía con la veneración).

 

Si me tropezara con ella por la calle no creo que me reconociera. Yo desde luego que sí, por aquella relación matemática de que he tenido menos profesores que ella alumnos. Recuerdo todos sus rostros, desde la educación infantil a la universidad, algunos a pesar mío. No es el caso respecto a Andrea Villarrubia, cuyo recuerdo es para mí inmejorable. De lo contrario no le dedicaría este sencillo homenaje, pues las antiguas querellas apenas sirven, con el transcurso de los años, para enfoscarse un poco, y, si acaso, echarse unas risas; pero las admiraciones antiguas suelen pervivir con todo el gas. O al menos así me sucede a mí.

 

Recuerdo muy bien el acento que ponía Andrea en la oralidad. Recitaba poemas de autores clásicos y modernos con voz cristalina, musical y evocadora. De manera que los versos, ya de por sí escogidos y vibrantes, crecían con su lectura e irradiaban una diáfana claridad. Recuerdo también, como en el colmo de la comunión literaria, leímos la Odisea en el aula, en el curso de varias clases, entonando cada alumno un fragmento de la obra.

 

Sólo muchos años después comprendí algo mejor la profundidad de aquel libro sagrado, la naturaleza de aquellos lestrigones y cíclopes que son tan reales como los objetos cotidianos aunque, como decía Kavafis, no debamos temerles si queremos viajar. Hablamos, claro, del viaje interno. No hay otro viaje que el interno. Los exteriores son apenas accidentes, excusas, para emprender aquel otro.

 

Recuerdo con algo de remordimientos, y rabia, como despachaba con la ley del mínimo esfuerzo los trabajos que Andrea nos mandaba. Teníamos que leer un libro escogido por nosotros y hacer un resumen y una valoración crítica. La estructura del trabajo no era nada rígida y podíamos explayarnos a gusto con nuestra valoración personal que debía ser eso, personal, y no una relación de detalles técnicos sobre la obra. Por alguna razón, supongo que por pereza, no daba rienda suelta a la imaginación, a las sensaciones que brotaban como un mar encrespado al leer ciertos libros queridos para mí. Me limitaba a cubrir el expediente.

 

En fin, en aquellas asignaturas de Andrea (Lengua española, literatura universal) se leía, unas veces en voz alta, otras en silencio. Un verdadero banquete de los libros. Esa profesora de verbo decidido y gesto firme pero amable y comprensivo, me enseñó a conocer y respetar a Chéjov, Maupassant, Bertolt Brecht, Antonio Carvajal, Aurora Luque y qué sé yo cuánta gente más. Dice una canción de Aute que ‘todo está en los libros’, en una tonada tan dulce como hiperbólica. No, todo no está en los libros pero son la llave que abre las más hondas estancias del alma y del mundo. Que son, paradójicamente, las mismas.

Gracias por todo, Andrea.

 

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2 comentarios en “PARA ANDREA VILLARRUBIA, DIFUSORA DEL VIRUS DE LA LECTURA

  1. A veces, la vida te depara sorpresas que nunca imaginarías, pero ahí están cuando menos te las esperas. Cuando descubrí ayer, en una búsqueda rutinaria de un dato en internet, que aparecía mi nombre en una entrada en un blog que desconocía hasta ese momento, me quedé atónita. Para Andrea Villarrubia, difusora del virus de la lectura es el título que, con fecha de 8 de mayo de 2014, aparece en tu blog Ritual de las palabras y que no leí en su momento y el azar hizo que fuese anoche cuando leyese ese hermoso testimonio que me ha perturbado. Me ha perturbado porque una no piensa que puede dejar el recuerdo que tú tienes de mí y que tantos años después sacas a la luz. Tengo un vago recuerdo de ti -lo lamento, de veras- y es cierto que no te hubiera reconocido de haberte visto por la calle, pero el retrato y el recuerdo que tienes de mí me ha emocionado. No puedes imaginar hasta qué punto.
    Siempre he querido que en las aulas estuviese presente la vida y he confiado en la poesía para poder hablar de ella con los alumnos. La literatura, la poesía, son la vida y se funden con la vida. Leer poemas ha sido para mí una forma de ser feliz como profesora y como persona. Siempre he pensado que si a mí me gustaba un poema también os gustaría a vosotros, de modo que me he limitado a compartir mis placeres personales. Me siento plenamente dichosa sabiendo que en su momento disfrutamos juntos con la palabra poética y no ya como profesora y alumno sino como personas unidas por los textos. Es una prueba evidente de la imbricación de la literatura y la vida.
    Me has hecho feliz con tu afectuoso y desmesurado testimonio y me siento orgullosa y afortunada por haber tenido alumnos como tú, que aman la literatura y las palabras. Estoy abrumada por tus elogios, pero en el fondo me enorgullecen, porque pienso que quizá contribuí en algo a lo que ahora eres.
    Vivo en Granada y me jubilé el curso pasado. He sido muy feliz con mi trabajo y sigo siéndolo porque continúo difundiendo la lectura en otros espacios a los que no siempre llega la literatura. Hace unos años formamos una asociación que se llama Entrelibros y cuyo objetivo principal es llegar a otras personas a través de la lectura en voz alta y que nos permite pensar, conversar y sentir con quienes nos escuchan. Como ves, sigo haciendo lo que he hecho durante toda mi vida profesional, ahora fuera de las aulas: en hospitales, en la prisión, en bibliotecas, en colegios… Sé que no so soy capaz de hacerte llegar mi agradecimiento de la manera que querría y te mereces, pero espero que estas pocas palabras sirvan para decirte simplemente que tu recuerdo me ha hecho muy, muy feliz.

    • Querida Andrea

      Me alegro mucho de que te gustara ese artículo. Siento el privilegio y el orgullo de haber sido alumno tuyo. El que tenga un blog dedicado a los libros, no lo dudes, es en buena parte responsabilidad tuya. Desde que aprendí a leer y a escribir esas dos actividades me fascinaron y formaron parte de mis alegrías y anhelos más profundos. Pero, podemos decir que tonteé muchos años con esas aficiones sin entregarme por completo a ellas. Y el entusiasmo y pasión que ponías en los libros fue determinante para animarme a recorrer esa senda tan irreversible como gozosa. Irreversible porque no puedo entender la vida sin libros. Si algún cruel totalitarismo acabara con ellos, como en Farenheit 451, dedicaría el resto de la vida a rememorarlos o imaginarlos.

      En este modesto territorio que se llama Ritual de las palabras intento animar a la lectura, emulando tus esfuerzos, pero siendo consciente de mis limitaciones. Y lejos de ejercer de experto, que no soy, comparto mis subjetivas y a veces caprichosas lecturas con quien tenga a bien entrar por aquí. Sé que eres exigente, y con razón, así que te pido que no seas muy severa con mis artículos. No te escandalices cuando te topes con algún error, u horror, gramatical, un dato equivocado, fallos ortográficos… La verdad es que como estoy trabajando (en el campo) no tengo el tiempo que quisiera para pulir mejor estos escritos.

      Soy de Alcalá la Real, que, como sabes, está muy cerca de Granada. Así que me encantaría saludarte alguna vez. Tomo nota de la asociación Entrelibros por si puedo pasarme por alguna de sus actividades. Y aquí tienes mi correo electrónico por si quieres dejar alguna seña para que quedemos un día a charlar de libros. joseignaciocn@hotmail.com Un abrazo, Andrea.

      José Ignacio Cervera

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