LA COPA DE LA FE

 

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Retomo la actividad del blog este día de resonancias futbolísticas y democráticas. Sergio Ramos nos ha hecho creer a todos los madridistas que todavía persiste una llama de lo que animó al Real Madrid en sus tiempos grandes: fe, tenacidad, empuje. Y sumemos caballerosidad si lo de Varane fue una tontería aislada y sin más trascendencia. Si de verdad hizo lo que se le imputa, el chico tiene que madurar para poner su conducta a la altura de su excelencia como profesional. No me parecería mal una multa del club en ese caso.

 

La historia es casi siempre una montaña de peso insuperable y anoche se hizo valer coronando a mi insaciable Real. Para consuelo de los colchoneros podemos decir que la historia del fútbol también decía que España no había ganado ningún Mundial, el Real Madrid nunca había ganado en Alemania (hasta hace varios años) ni al Bayern en su feudo (hasta esta temporada). No hay justicia en el fútbol, así que la historia no hará justicia con el Atlético de Madrid. Simplemente, un día (supongo cercano) el Atlético agarrará su copa por sí mismo, como estuvo a punto de hacer anoche con una personalidad, disciplina y nobleza formidables. Los atléticos tienen que alzar la cabeza con orgullo, como dice Simeone, y mirar al horizonte. Pocas veces he visto un panorama tan positivo y esperanzador para los rojiblancos. El Cholo, que es un profeta del fútbol, hará bien en convencer a todos sus jugadores para que sigan creyendo.

 

Creo sinceramente que si la final de anoche hubiera sido del Real contra el Chelsea y el resultado al descanso idéntico, no se hubieran jugado ni cinco minutos en la segunda parte. Mourinho (ese nefasto personaje) habría aleccionado a sus gladiadores para que cometieran todas las marrullerías a su alcance. El equipo rojiblanco estaba en su derecho de sacar el manual del pícaro, pero no lo hizo, anoche jugaron al fútbol, muy bien por cierto. Esos muchachos no saben hacer otra cosa, les han enseñado a mover el balón, correr, luchar, cada maestrillo tiene su librillo.

Por eso habrá un recuerdo imborrable de este subcampeón dignísimo, mientras que las gestas del portugués antipático se acartonarán y enmohecerán en las amarillentas páginas de la estadística.

 

Anoche vi un equipo de blanco que realmente actuó como un equipo, con una sola consigna al margen de simpatías, antipatías, egos… Ganar. Esa palabra se incrustó en sus cabezas, corazones y cojones para empujarles hacia lo improbable. Gracias por enseñarnos a todos los demás a no rendirnos. Gracias por enseñarnos la fe, en un mundo en el que ya no creemos ni en nosotros mismos. ¡A por la undécima!

 

 

 

 

 

 

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