EL JUGADOR, DE F. DOSTOIEVSKI

 

el jugador

 

Hoy les traigo una pequeña reflexión que escribí en mi anterior blog. Trata sobre  esta obra menor para algunos pero que tiene mucho interés. ‘El Jugador’ es, como todos los libros de Dostoievski, una confesión. Valorémosla como tal:

 

 

Acabo de leer el Jugador, de Dostoievski. Si alguien quiere leer un clásico imprescindible y cortito que no lo dude. ¿Pero qué es un clásico? La misma contraportada del libro (Espasa 1999) da una buena definición:

una obra que sobrevive al paso del tiempo, que pregunta y contesta y es capaz de leernos a nosotros; lo más cercano y lo más desconocido. Leer un clásico es una experiencia única, puede cambiar nuestra vida”.

Lo que más me llama la atención es eso de que un clásico es capaz de leernos a nosotros mismos al tiempo que repasamos sus páginas. Es cierto. Cuántas veces me habré sentido como ese jugador (Aleksieyi Ivanovich) que se pierde en las interminables vueltas y revueltas de la ruleta amparando su vida al lugar donde va a parar la bolita. No soy aficionado a los juegos de azar, pero eso es una anécdota. Existen miles de distracciones, minucias y pequeños pasatiempos u ocupaciones en los que ensimismarse, abismarse y olvidarse del torrente de la vida.

El síndrome del jugador lo puede tener un verdadero ludópata pero también un honesto padre de familia que trabaja de sol a sol y no tiene nada que reprocharse; un estudiante ocioso; un parado sin esperanza. Igual da. El trabajador se refugia en su rutina, el ocioso en su forma de perder el tiempo, el desesperado en su desesperanza. En un momento álgido en que la vida espera que la miremos de frente y recordemos para qué estamos aquí (o intentemos recordar) desviamos irremisiblemente la mirada. “Soy un hombre perdido”, dice el jugador en la novela. Así se lo recuerda su antiguo amigo inglés que no espera que luche y encauce su vida.

Y sin embargo… Siempre estamos a tiempo. El mismo tipo que se ve a sí mismo como un fracasado, derrotado, dice esto: “¡Acaso no comprendo que soy un hombre perdido! Pero… ¿por qué no habría de poder resucitar?[…] ¡Vale la pena siquiera una vez mantener el carácter, y yo en una hora puedo cambiar mi destino!”.

Podrán decir algunos que cambiar nuestra vida de un momento a otro es cosa de magia, una pura ilusión. Quizá la misma ilusión que se hace el jugador al creer que controla su jugada, que sigue un cálculo certero o un pálpito veraz, cuando el que manda es el puro azar. Concedámoslo.

 

Pero concedamos de igual modo que la actitud es la actitud aunque sólo valga como estética. Esta mañana me tropecé con mi primera maestra, la que me enseñó a leer y escribir. Iba paseando a su perro y me saludó. Comentando un poco la difícil situación actual dije yo: “Hay que resistir”.

 

 

Hay que moverse”, contestó ella con convicción. Nos despedimos y me quedé suspenso, dándole vueltas a su frase. Mi esquema se hacía evidente y doloroso, “resistir”. Es decir, aguantar, plantarse, no moverse. Al mismo tiempo de hacerse evidente, mi esquema se desplomó. Es rígido e inadecuado. Mi maestra tiene razón, hay que moverse, adaptarse, ser fluido.

La roca resiste pero al final ¿para qué? Acaba de igual manera erosionada, reducida a polvo por el empuje del tiempo. Sin embargo las aguas se difunden libremente, se mezclan. Y en esa mezcla de alguna manera mueren. Algo en nosotros tiene que morir para poder cambiar, tenemos que entregar, sacrificar algo. Es el eterno precio de la vida, pero a cambio saltamos a otro nivel, mejoramos.

¿Autoayuda barata? No es esa mi intención. La autoayuda está llena de otros “autos”: autoindulgencia, autocompasión, autocomplacencia… Podría seguir. Lo que nos ayuda en realidad es la autodestrucción. No una destrucción completa sino de aquellos componentes nuestros que no nos valen. Tenemos que ser despiadados con nosotros mismos, exigentes, duros. De lo contrario…

De lo contrario, nada. No pasa nada. Siempre nos quedarán las mil distracciones, juegos, tareas, para olvidarnos de luchar, de hacer eso para lo que hemos venido aquí. ¿Y qué demonios es eso para lo que he venido aquí? Averígualo. Esa es la tarea de tu vida.

 

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