SALEM’S LOT

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No he sido un apasionado de las novelas de vampiros, pero algunas he leído. Salem´s lot es la historia de ese género que más poso ha dejado en mis recuerdos. En la adolescencia y juventud leí el consabido “Drácula”, de Stoker, a Sheridam Le Fanu y su inquietante, sensual y magnética “Carmilla”, y algunos relatos sueltos. No demasiado.

 

Salem´s Lot se acercó a mí cuando era estudiante. Por aquellas horas escuchaba el melancólico y épico Joshua Tree de U 2 y por alguna razón el libro y el disco han quedado unidos en mi memoria desde entonces. La desolada a veces, y en otras ocasiones esperanzada y desgarrada voz de Bono me transportaba a los abiertos, áridos, infinitos desiertos de Arizona, Utah, Nevada o el de Mojave, el inhóspito hogar del árbol de Josué. Ese árbol que no es árbol sino lamento, (quejío, diría un gitano), resistencia de la vida al inmisericorde viento abrasador.

 

Y eso evocaba la novela de Stephen King, una realidad yanqui distinta de la que sale en la tele, con personas supervivientes, luchadoras, olvidadas por los triunfos de la maquinaria imperialista y el mundo artificial de las celebrities: el mundo real. Eso es lo impactante de esa novela, su atmósfera dolorosamente cotidiana, la desesperanza de una madre enloquecida que pega a su bebé, las dificultades para salir a flote y respirar el aire calcinado que azota los corazones. King sabe bien de lo que habla porque antes de convertirse en una megaestrella de cuenta corriente saneada tuvo que pasar bastantes apuros. Sin saber con certeza si podría pagar las facturas y alimentar a sus niños.

 

En ese microcosmos, a veces distendido también pero siempre modesto, anónimo, se cuela como una sombra inesperada el misterio. La infección de los vampiros que se va adueñando de la ciudad. Y el horror se mezcla con el inevitable reconocimiento de lo que sucede y la batalla. Al fin y al cabo la invasión de chupasangres no deja de ser otro obstáculo más de los que saltan a la cara cada mañana, como el paro, la precariedad, el atraso moral y económico de aquel rincón olvidado (y ficticio al menos en el nombre) del medio oeste americano.

 

Me recuerda demasiado a la situación de mucha gente hoy, a su mundo colapsado y su horizonte nuboso por la falta de expectativas. ¿Vampiros? ¡Bah! El verdadero espanto y absurdo escala todos los días por los resonantes titulares de los diarios. En la novela se masca la sensación de que esa invasión extraña de chupasangres (en la España actual tenemos bastantes para invadir medio planeta) es una adversidad más que se conseguirá superar. Como los destrozos de un tornado, una mala cosecha…

 

En el fondo subyace un cierto optimismo tosco, insólito, indomable. La vida es muy tozuda, y los que estamos vivos y aguantando el viento de la desolación resistiremos en pie para afrontar otros trances. Y gozar otros gozos. Que así sea.

 

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