LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, DE ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

Santa María de la Antigua Valladolid   Lo primero que llama la atención de este libro son dos cosas. Su autor sabe contar las cosas y, además, tiene una buena historia entre manos. Aun a riesgo de que el autor me considere un pelota, diré que me parece una de las mejores novelas que he leído. En ella se cuenta la vida de dos hermanos, Fernando y Nuño, como ascienden desde su humilde origen al honor de Caballeros del Rey.

Sus gestas, aventuras y sinsabores nos acompañan en un recorrido por la segunda mitad del siglo XI con las luchas entre musulmanes y cristianos y de estos últimos entre sí en aquella Iberia hirviente que legaría como fruto el ‘Cantar de Mío Cid’. Desde su León natal (Santa María de Carrión), emprenden su épica existencia caballeresca con asientos temporales y definitiva residencia al final en Valeolit, la actual Valladolid, observando como de modesta aldea se va trasmutando con el andar del tiempo en villa próspera y prestigiosa. Sus andanzas los llevan hasta Toledo, la ciudad de las tres religiones, y a otros muchos reinos y taifas de la época.

Son claves en el relato las lealtades, la amistad. Nuño será fiel al conde Ansúrez (con varias posesiones en León) y al infante Alfonso, más tarde rey Alfonso VI; Fernando unirá su destino, y sus desgracias, a su amigo García, hermano de Alfonso y futuro rey de Galicia. Sólo queda Sancho, el tercer infante, para completar el cuadro. Él será rey de Castilla auxiliado por el Cid hasta que la traición se cruce en su camino. La relación entre los tres hermanos tendrá siempre muchos voltios de tensión. Y en medio de esa tensión vivirán los Caballeros de Valeolit, Fernando y Nuño, con la amistad inquebrantable de Pedro Ansúrez, Alvar Fáñez y Rodrigo Díaz de Vivar, el imbatible Cid.

Por encima de los vientos cambiantes de la política, los intereses y las intrigas, siempre se sobrepondrán a todo sus vínculos de fraternidad sellados en un pacto de sangre en su infancia. Quizá sea esta una de las lecciones más hermosas del libro. Y aunque los dos hermanos protagonistas de esta historia son inferiores en rango a esa élite de personajes resonantes, los iguala a todos esa amistad.

Dijo un castellano de adopción, Antonio Machado, que por mucho que valga un hombre nunca tendrá valor más alto que el de ser un hombre. Y esa máxima se cumple varias veces en esta historia para gloria y solaz de quien la merece, especialmente de nuestros buenos soldados Nuño y Fernando.

‘Los Caballeros de Valeolit’ narra muchas batallas reales de aquella época (siglo XI) y nos muestra la vida habitual de un soldado con todas las posibilidades que da de sí el oficio. Así, podemos preguntarnos después de ello: ¿qué es un soldado? ¿Un salvaje que se deleita con la sangre, la rapiña y holgazanea en tiempos de paz causando molestias y destrozos? ¿O un ser asentado, noble, valiente, justo, que pelea defendiendo a los suyos? Depende de la persona, las circunstancias… El abuelo de los futuros caballeros, Pedro, ante la disipación de los chavales, se dirige a Nuño refiriéndose a los hombres que mató este último:

¿Recuerdas el rostro del primero que mataste? ¿Eran hombres sin honor? Esos hombres se merecían ser matados por alguien de honor, no por un borracho estúpido. Esos hombres lucharon también por sus tierras, por sus familias, y por su señor. No eran peores que nosotros, ni mejores. Simplemente luchaban”.

Sus jóvenes, infantiles nietos, se habían asomado levemente a la vida licenciosa del soldado ocioso y el abuelo les reprendió sin contemplaciones.   Ciertos autores distinguen al soldado del guerrero. Este último tendría la misión, más que de matar, de hacer valer la justicia, la honradez… para evitar males mayores. Una especie de quintacolumnistas de la paz con aire marcial. Veamos:la diferencia entre un militar y un guerrero es radical, es abismal: un militar vive de la guerra y, por tanto, fomenta las guerras, las inventa, las promociona; un guerrero, lo único que intenta, por su actividad de Justicia, de Fortaleza y de Templanza, es evitar precisamente los efectos de las guerras”(Lo que debemos al Islam, F. S. Dragó).

Hay quien les asigna esa labor en particular a los Caballeros Templarios. No soy quién para valorar tan extraña y osada afirmación. Pero si no hubo gentes de tal calibre bien merecería la pena que los hubiera habido. Y es inevitable aquí conjurar la figura del Cid, protagonista de algunas de las páginas de este libro. Admirado por cristianos y casi venerado por musulmanes, entre enemigos y súbditos, algo tendrá el agua cuando la bendicen. A veces sucede que los nombres elogiados y bruñidos por el soplo de la Historia responden a personas cuya dignidad no desmerecía del honor de la fama, y seguramente el Cid es una de esas personas. Y algo (o mucho) de ese espíritu magnánimo del gran ‘Sidi’ fluye por la sangre cálida, firme y digna de los dos hermanos leoneses que protagonizan esta historia.

Novela ejemplar, entretenidísima lección de historia sin pretenderlo ni aburrir… Es recurrente la recuperación de lo perdido. El inicio mismo de la novela supone el reencuentro de Pedro, el abuelo de Fernando y Nuño, con su antigua gloria militar y el honor perdido entrenando a jóvenes infantes y soldados para la guerra. Mucho más tarde, después de una sucesión de hazañas, penalidades y tristezas, toca para los caballeros de Valeolit, caídos en desgracia, recuperar el honor hurtado por los vaivenes de la cambiante vida.

Es como la búsqueda de la ‘palabra perdida’ para herméticos y alquimistas de aquella época medieval: el nombre verdadero de Dios, la Verdad, la secreta llave que abra los ojos al Origen. Esa ‘palabra’ sagrada en realidad nunca se ha perdido pero sí está oculta. Como lo estuvo a veces el honor de estos valerosos caballeros, pero nunca dejó de pertenecerles. Porque, como reza un pensamiento de sabor oriental, lo que es lo es desde siempre, y siempre será; lo que no es jamás fue y nunca llegará a ser. Ya desde nuestro nacimiento llevamos dentro todas las posibilidades de nuestra personalidad, que como el rollo de un pergamino se despliegan con el paso y el peso de los años, el esfuerzo propio, la suerte quizá también. Y los Caballeros de Valeolit habían nacido para ejercer como tales, y para hacerlo con honor.

También tiene buenas dosis de suspense esta novela, con diversas intrigas y enigmas que no desvelaré para que sea el lector quien asista de primera mano a tales sucesos y su desenredo. Tampoco faltan fervorosos e incombustibles amores y pasiones. Les invito a que lean esta magnífica novela en los ratos de asueto que depara el verano. Pueden descargarla gratis en el blog de Antonio José López Serrano ‘Escribir, pensar, amar, rezar’, en este enlace:  topitocava.wordpress.com. Que lo pasen bien.

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4 comentarios en “LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, DE ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

    • Gracias por el comentario, Sergio. No soy un experto en sintaxis (ni en los demás menesteres lingüísticos) pero a mí me parece que “Los Caballeros de Valeolit” es una novela que está muy bien escrita. Respeto, no obstante, su parecer. Y, como tal, queda aquí consignado. Un saludo.

    • Al autor le han concedido el PREMIO MIGUEL DELIBES DE NARRATIVA 2015 por esta novela. Sin embargo, estoy de acuerdo, el proyecto de los caballeros de Valeolit es más ambicioso que los errores sintácticos, que sin duda los habrá.
      Un saludo, y gracias de nuevo José Cervera por tu comentario y apoyo.

      • Este va a ser el primero de una larga serie de éxitos, estoy seguro. Ánimo Antonio, con esta historia que todo el mundo debería leer y disfrutar. Un saludo.

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