EL AÑO DE LA MUERTE DE RICARDO REIS, SARAMAGO

ricardo reis

Una bloguera me recomendó leer este libro. Aquileana se hace llamar por guardar consonancia con el título y espíritu de su blog: La audacia de Aquiles. No dejen de visitarlo, seguro que en su colosal continente encuentran un país a su medida. Como dije, me animó a leer este libro tras acercarse a mis apuntes sobre Las maletas del viajero, también del nobel portugués.

Y me pareció buena la invitación porque aprecio la prosa reflexiva y detallista de Saramago, a pesar de todos los pesares. El libro, como otros suyos, es un audaz encaje entre lo pensado y lo real, lo verosímil y lo imaginario. De manera que en la trama de esta novela se mezclan Fernando Pessoa y uno de sus heterónimos, Ricardo Reis, quien lleva el peso de la historia. Pessoa, para más ironía, se aparece ya muerto a Reis y conversa con él, con lo cual el personaje ficticio tiene más consistencia que el personaje histórico. O podemos decir, por cerrar el círculo, que Ricardo Reis resulta tan irreal como Fernando Pessoa. Por cierto, ‘pessoa’ quiere decir ‘persona’. Y ese vocablo viene del latín y significa ‘máscara’. La máscara que se ponían los actores en el teatro. Cada uno llevamos una máscara, o varias, ante los demás y ante nosotros mismos, y por eso personas somos.

Fernando Pessoa tenía varias máscaras, su propio nombre y los heterónimos con los que firmó muchas obras (los principales fueron: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis). ¿Dónde está su ser real? En el sitio más insospechado, quizá en las páginas de este libro.

El médico protagonista de esta historia, el señor Reis, salpimenta su aburrida existencia con sus amores ideales hacia Marcenda, una joven distinguida que sufre por su brazo paralizado, y su relación más física, instintiva, con la camarera del hotel en que se hospeda, Lidia. Si nos dejamos llevar un poco por las interpretaciones alegóricas diríamos que la primera es símbolo del alma y la segunda del cuerpo; una sería María, la otra Marta… Paramos aquí el encadenamiento porque no sabemos hasta qué punto el autor buscó algo semejante o los arquetipos, sencillamente, se le enzarzaron en las manos cuando escribía.

Algunas de las escenas más brillantes surgen cuando Ricardo Reis y Pessoa se enredan en sus charlas sobre el más allá y el más acá. El genio pesimista y agudo de Pessoa luce en estos diálogos chispeantes, que son como el monólogo interior, hablando consigo mismo, de un escritor que no sabe quién es. Y Saramago asiste al desfile de comentarios atrapando las palabras que puede y anotándolas como cronista del propio eco de sus sentires.

Como contorno de esos acontecimientos interiores y exteriores aparece un ambiente convulso: Lisboa, Portugal, en tiempos de Salazar, cuya calma es sólo aparente como se verá en las páginas postreras; y los ecos cercanos de lo que sacude a los vecinos europeos, la agitación de España explotando en Guerra Civil, la contienda de Mussolini contra Abisinia, las primeras dentelladas de la monstruosa maquinaria nazi…

Es admirable la minuciosidad y delicadeza con que Saramago repasa cada pormenor, utilizando el lenguaje como un pincel fino que perfila las situaciones hasta hacerlas transparentes. Pero hay un trasfondo, claro. Lo que ocurre es que ese trasfondo no se apunta de forma manifiesta, ni se insinúa. El intramundo de la historia se va sedimentando como las partículas calcáreas en un vaso de agua que dejáramos a su suerte unos días, hasta que revelara que no todo era transparente en él.

Qué bien escribe Saramago. O escribía (no quiero hacerlo pasar por vestigio presente y semoviente como el Pessoa de su libro). Esta novela me reconcilia con el portugués universal. Resulta como un bálsamo para las heridas que me produjo su Evangelio según Jesucristo. Qué pensaría el insigne escriba cuando, después de morir, comprobó (si no me engañan mis sospechas) que no se acaba todo. Apenas son preguntas de niño ingenuo, demasiado complaciente con sus esperanzas, demasiado convencido de sus ideas.

Este libro, recomendado por Aquileana, me ha hecho volver a transitar las páginas tiernas, dolientes, realistas, irónicas del buen José. Porque después de leer su peculiar Evangelio decidí que el autor de aquel despropósito era un ser rencoroso, resentido, agitador disimulado del hisopo del sarcasmo cuyo aroma va envenenando los pensamientos sin ruido…

Y quizá no estuviera desatinado en mi juicio, pero a pesar de eso aquel libro también está muy bien escrito. Y yo mismo, que me escandalizo ante la blasfemia, he sido hereje antes que fraile. He sufrido dudas lacerantes, he acusado a la Santa Madre que me dio el bautismo, y paseado por el desolado jardín del ateísmo. ¿Quién soy para juzgar? En El año de la muerte… Saramago hace el esfuerzo empático por vivirse y comprenderse en un tipo bastante extraño a él, un Ricardo Reis, trasunto del escéptico (con los ideales revolucionarios) Pessoa; el poeta burgués, cuyo ingenio le reconcilia con los artistas y literatos de todas las veredas del espectro político.

Al fin y al cabo, Pessoa, como Reis y Saramago, era portugués y eso impronta el alma con el tejido enmarañado y entrañable de los sentires, los sueños que no llegan a soñarse y la melancolía amable mirando al Tajo cuando cae la noche; o adivinando los indescifrables designios del mar en su vaivén siempre extraño, rompiendo contra las rocas o lamiendo con aparente inocencia las arenas de la playa. Hace años me llamó la atención una costumbre al parecer muy portuguesa. Mucha gente, al finalizar el trabajo, al caer la tarde, van a ver el mar. Apenas alguien introduce los pies, o se baña, pero la mayoría sólo quiere contemplar al monstruo sereno. Curiosa costumbre. Esa calmada añoranza cotidiana que no se resigna a las lágrimas ni al desaliento se respira en la anodina vida de Ricardo Reis, sin grandes hechos que narrar de ella, pero que es una existencia llena de marejadas bajo el disfraz engañoso de la piel, y allí viven anhelos, ideas, y surcan las musas como si bogaran por el mar cálido y amable de la sangre. En esta novela en la que no ocurre nada, ocurre todo. Nada queda sin suceder.

Saramago consigue desconcertar con el final. Lo esperaba más agreste, violento, tajante. Pero no deja de tener su lógica, porque en la conclusión los afluentes se reúnen para transitar como igual río, el camino del estuario, el temible y pacífico abrazo con el mar. Así, al desvanecerse el recuerdo de Pessoa se extingue también la vida zarandeada y anodina de Ricardo Reis, pues no dejan de ser la misma sombra con distintos nombres.

Por mucho que sorprenda el final, ya fue anunciado muchas páginas atrás, cuando se habla de cómo sería la muerte ideal, sensata, incruenta. Y no digo más, que cada uno se sorprenda, enfade o emocione con el final a su gusto. No les he desvelado nada irreparable, pues ya en el mismo título del libro se anuncia una muerte.

pessoa

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7 comentarios en “EL AÑO DE LA MUERTE DE RICARDO REIS, SARAMAGO

  1. Uff!, me has recordado que tengo esta conversación pendiente con Saramago. Pessoa me atrae desde hace mucho, y su cuestión del uso de los heterónimos en su momento, como se dice, dio en la diana de pensamientos que tenía en temporada de crisis existencial. Así que tan pronto coincida con este libro me lo llevo a casa. ¡Saludos!

  2. Genial post, querido José.
    Me ha gustado mucho el juego de palabras en torno a la palabra Pessoa y la parte en que destacas concluyentemente que: “Ricardo Reis resulta tan irreal como Fernando Pessoa”.
    Has captado maravillosamente la esencia del libro y he experimentado una suerte de relectura.
    Por lo que te agradezco enormemente este post.
    Un abrazo grande y buen fin de semana para vos, Aquileana 😀

  3. Te doy las gracias, porque si no llega a ser por tu consejo, habría tardado mucho más en leer este libro. Y la verdad es que ha sido una gran experiencia. Pessoa era un tipo de agudo y perspicaz ingenio y Saramago no le iba a la zaga. En este libro acepta el reto de adentrarse en el particular universo de espejos engañosos e identidades borrosas de Pessoa, y nos hace a los lectores andar también ese camino equívoco y fascinante. Me alegro de que te hayan gustado mis comentarios. Nos vemos por la red, que lo pases bien.

  4. Hace poco leí el viaje del Elefante, y me recomendaron mucho este libro. Lo tengo anotado y después de tu reseña, sube puestos (nomás que deje unas lecturas que tengo que hacer si o si, me pongo con este).
    Saludos,
    Ale.

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