EL ÁNGEL AMADO, DE ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

cristo_caminando1

Después de la monumental Los caballeros de Valeolit, he decidido asomarme a la otra novela de Antonio José López Serrano, bloguero amigo que en Escribir, pensar, amar, rezar, ofrece su particular y siempre aguda forma de ver las cosas. El Ángel Amado es una novela breve y eso puede hacer pensar, si uno se deja llevar por juicio apresurado, que se trata de un pasatiempo más o menos logrado, un esbozo… Pero nada de eso, es una obra redonda desde la primera línea hasta la última. Pesada y medida con la razón; expandida más allá de sus páginas por el poder infalible del corazón.

Es una historia emplazada en la infancia del cristianismo, allá por el siglo II, bajo la férula de Trajano. Discurre por tierras de lo que ahora llamamos Oriente Próximo, la acción principal en Damasco. Allí ‘Canus’, un veterano de la legión romana convertido al cristianismo, sostiene una miserable vida, como responsable nocturno de una prisión. Ve consumirse a los desgraciados que allí penan y sus sentimientos humanitarios, recientemente descubiertos con el nuevo credo, hacen sufrir su conciencia. Desea alejarse de toda aquella sordidez y tristeza, emprender una vida nueva.

Un día descubre que hay un preso cristiano y decide entrevistarse con él. Resulta ser un mensajero de la fe. Attalos, que así se llama el joven, conoce de memoria el Evangelio del Discípulo Amado (san Juan, parece ser) y algunos otros documentos importantes, cartas. El Anciano, epígono del Discípulo Amado, le encomendó a Attalos que transmitiera ese evangelio al obispo de Antioquía, el prudente Ignacio, para que examinara ese escrito y valorara su importancia para los fieles. Para que considerara si se trataba de un testimonio válido de la fe en Cristo digno de ser difundido.

El obispo Ignacio se sintió emocionado por la santidad que emanaba de aquel evangelio y le dio su bendición, pero poco después fue apresado y conducido hacia su martirio por soldados romanos. Attalos le acompañó en parte del trayecto y, más tarde recibió un nuevo encargo: llevar aquella obra sacra inserta en su memoria por varios lugares de Siria. Pero unos sedicentes cristianos, herejes docetas, lo traicionaron entregándolo a los romanos.

El catecúmeno romano y el joven mensajero de la fe fraguaron una sólida amistad en las tristes paredes de la prisión, haciéndose confidentes de sus vidas, sus amores (el cariño de Canus por una esclava y el recuerdo anhelante de Attalos por su esposa, que lo esperaba muy lejos). Y compartiendo su fe.

Podría hablar ahora de los dimes y diretes de la Iglesia de aquella época con los gnósticos, argumentar qué cosas creo válidas en aquellos movimientos olvidados por la futura corriente del dogma. Pero, ¿para qué? De la discusión no nace la luz. Y además, he recordado un pasaje de una lectura para mí estimulante e inspiradora en alto grado, ¿Por qué soy cristiano?, de José Antonio Marina. En ese pasaje el filósofo comenta el aspecto más ‘conceptual’ por así decir del cristianismo y lo contrapone con la sencillez de la caridad. Y afirma que se pueden dar dos extremos: ‘una acción caritativa sin fundamento religioso o una vida contemplativa alejada de la miseria cotidiana’ (página 127). Puesto a correr un peligro me quedaría con la primera opción aun a pesar de mi propia falta de fe, de caridad, pero no de esperanza.

Podría elucubrar con frases sobre mi opinión acerca de los gnósticos, el cristianismo esotérico… pero eso nos llevaría muy lejos y nos desviaría del tema. La obra que nos ocupa ha de ser la protagonista. Este libro que acabo de leer es un libro muy especial, y ello exige que mi subjetivismo y habitual ánimo divagatorio arríe las velas y escuche. Los evangelios son obras creadas para ser leídas, pero, sobre todo, para ser escuchadas. El autor protestará diciendo que no ha escrito un evangelio, lo cual sería sacrílego, sino una novela con marcado carácter religioso. Pero entendamos el sentido que le doy a ‘evangelio’. Se puede entender como el esfuerzo de un creyente para entender y explicarse a sí mismo y a los demás sus creencias. Para servir como eficaz eco de los Evangelios Canónicos, los que todo el mundo conoce, o dice conocer al menos de oídas.

Antonio José puede decirme que sólo ha escrito una novela corta, un relato ambientado en los inicios del cristianismo. Pero si dice eso no me convencerá. No es una simple novela, sino un encuentro con los orígenes de su propia fe, en el tiempo histórico y además en el punto sincrónico ajeno a toda temporalidad en el cual se pregunta por el propio génesis de sus creencias. Si esta no ha sido la intención y me he ido por los Cerros de Úbeda, estoy atento a que el autor me reprenda con un comentario o como considere mejor.

Este escrito se inspira en un carisma, el del Nuevo Testamento. Y ese carisma, que es el viento del Espíritu (interprételo cada cual con su creencia o su falta de ella) viene de algún lugar remoto, misterioso, ajeno a los escribas que le dieron cuerpo y medida. Esos escribas recibieron la Revelación, vaya usted a saber de dónde (para mí de Dios, con perdón para los incrédulos) y la hicieron parte de ellos. La Palabra, que es misterio, se hizo interferencia, sangre, sudor, esfuerzo, a veces manipulación, muchas veces alegría… En fin, pasó por el filtro de una persona de carne y hueso. Eso es lo que los integristas no comprenden: que, aunque Dios nos mande su palabra, esa palabra adopta los contornos, el molde de una persona concreta (con sus influencias culturales, de educación, sus preferencias, ideas, manías, ocurrencias).

Admito la Revelación, pero no admito que ésta pase incólume desde la Fuente impensable de la cual mana hasta la cabeza o la mano escribiente de quien la recibe. Si esta idea cundiera por el mundo, otro gallo nos cantaría. O eso creo.

Pero se puede decir: bueno, entonces si la Palabra sagrada de Dios ha llegado ya tan mancillada por las miserias y estrecheces de las personas que la plasmaron, ¿acaso no es imposible ya acceder al néctar sagrado que la anima en las escrituras? No es imposible, pero es exigente. Requiere del lector esfuerzo, buena fe, inteligencia… Dejarse a uno mismo a un lado (intereses, prejuicios), y al mismo tiempo recuperar el empuje y el coraje de la personalidad propia en el momento justo para asumir lo que hay de esencial, universal (para muchos, trascendente) en esos escritos y abrir el corazón a ellos.

Y este ‘Ángel Amado’ es, creo yo, precisamente un esfuerzo por acercarse a ese mensaje primordial, vivificarse en él y hacerlo propio. Seguramente me dejo muchas cosas importantes al respecto y yerro en otras tantas. Los que saben de teología, y Antonio José sabe porque la ha estudiado, tendrán muchas cosas que reprocharme sobre lo que he dicho.

Sólo les pido entonces que aparten mis palabras con un manotazo al aire y una sonrisa de condescendencia amistosa, pues les aseguro que mis errores no son de mala fe. A los no creyentes les diré que no desesperen con este piadoso post porque incluso ellos pueden sacar provecho de los Evangelios y los escritos sagrados en general.

Lo universal tiene muchos niveles de sentido, aptos para todos los públicos. Y, sobre todo, no se queda nunca anticuado, es capaz de sobreponerse a las modas. Sólo se ponen viejos los ojos del que mira, no el cielo, que siempre es antiguo y nuevo a la vez. Las aguas de un río siempre cambian, son distintas cada vez, pero el río siempre está ahí, permanece por encima de los cambios. Y eso tiene algo de misterioso, ¿no? Disfruten del misterio, sean cuales sean sus certezas y cavilaciones.

Este post está dedicado a los mártires cristianos en Siria (y en todas partes del mundo).

 

Anuncios

3 comentarios en “EL ÁNGEL AMADO, DE ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

  1. Una vez más no puedo dejar de agradecerte que me hagas una reseña a la novela El ángel Amado, una de las novelas más complejas de leer que he escrito, y que considero una pequeña joya.
    El ángel amado tiene una lectura fácil, que es una de las que me has referido, pero tiene otras ciertamente más complejas y escondidas. Es una novela escrita para los teólogos, pues en ella fundamento narrativamente la tesis del teólogo y exégeta Raymond E. Brown de Nueva York.Defiendo una tesis mantenida por él, que me resultó muy sugerente en mis años de estudiante.
    La segunda lectura que tiene es la de la amistad. Esta se fragua en la oscuridad de una cárcel, en la noche, en el intercambio de dos personas que tienen algo que contarse, aunque no se conozcan más que por el interés que despiertan las vidas que llevan. Los dos son esclavos de algo, están atrapados, pero perciben que el Mensaje, el Evangelio, como bien dices en tu reseña es lo más valioso que llevan.
    En tercer lugar, tiene algo que percibí cuando la terminaba de leer, y es que es una alegoría del cuento El Príncipe Feliz de O. Wilde. La amistad se refuerza y se enrosca llevándose la vida de los dos. La golondrinita del cuento de Wilde está atrapada sin volar hacia el calor, igual que Canus, y no puede quedar libre hasta que no cumpla las expectativas de su amigo Attalos.
    El personaje Attalos es además histórico, de ahí que la investigación en este caso, aunque la tenía me llevó a profundizar en dos personajes del cristianismo antiguo San Ignacio de Antioquía, y San Policarpo, que pocos expertos ponen en relación.
    Es una novela que suelo ofrecer a gente creyente, como alimento espiritual, (aunque no sé si es comida rápida), pues soy consciente de que la temática es extraña desde otros ámbitos. En este caso, y por tu comentario, estoy persuadido de que te ha hecho reflexionar, “Cualquier libro puede enseñar algo”, entiendo que afirmas en tu gravatar, y ese deseo de contemplar un horizonte es muy de los que buscan la verdad, muy de Dios.
    Un abrazo y una vez más muchas gracias.

    • Tu comentario es muy oportuno porque resalta aspectos que no he destacado lo suficiente (la amistad de los dos protagonistas) y añade información muy valiosa para que los potenciales lectores sepan valorar el libro en su justa medida. Echaré un vistazo al teólogo que comentas, el señor Brown, a ver si entiendo un poco de su tesis.
      Es cierto lo que dices sobre la semejanza con el cuento de Óscar Wilde, la renuncia de Canus en efecto parece un eco de la que hace la golondrina, es un mensaje muy potente y hermoso.

      Quisiera añadir algo que no he dicho en el post y que está de alguna manera relacionado con el libro: hoy día, desgraciadamente, siguen habiendo mártires cristianos en Siria. Es algo que había visto ya hace muchos meses en los telediarios, también hay cristianos muy desdichados en Irak y otros lugares. Pero ayer, buscando una imagen para este post sufrí una terrible conmoción. Me tropecé con una fotografía espantosa de una joven cristiana brutalmente asesinada. Es una de las cosas más horrendas que he visto en mi vida y no voy a hacer ninguna descripción de la misma. He estado bastante abatido desde entonces porque hay imágenes que resumen todo un estado de cosas. Que Dios de fuerza a los perseguidos e ilumine a los perseguidores para que dejen de ser diablos sin alma.

      Cuando escribí esta modesta reseña pensé en dedicarla a esas víctimas pero creí que iba a quedar muy pretencioso, muy puesto. Pero ahora mismo me da igual como quede,

      Este post está dedicado a los mártires cristianos de Siria.

  2. Pingback: RESEÑA DE LA NOVELA EL ÁNGEL AMADO. | ESCRIBIR, PENSAR, AMAR, REZAR.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s