EN LOS OSCUROS LUGARES DEL SABER, DE PETER KINGSLEY

en los oscuros lugares del saber

Si alguien me arrebatara mi pequeña biblioteca de apenas trescientos libros y me ofreciera conservar cinco, sin duda este del que les voy a hablar hoy sería uno de ellos. Cuando lo leí atravesaba una época turbulenta en lo personal y de inflamado interés en lo místico, espiritual. Apenas hacía un par de años que había terminado de estudiar filosofía en la facultad y parecía que habían transcurrido diez. Estaba harto de la filosofía, de la arrogancia de tantos filósofos y científicos que pontifican sobre lo que no conocen, lo metafísico, para negarlo o distorsionarlo. La filosofía se quedaba muy corta para satisfacer mi afán de conocimiento.

Ya había disfrutado con la profundísima y sensata sencillez del zen de la mano de Alan Watts y otros autores magníficos, leyendo, meditando yo mismo para que la cosa no se quedara en vana teoría… Había leído el Tao te king, prodigio también de sencillez y sabiduría. Y pasé por otras muchas lecturas y experiencias que no viene al caso nombrar. Como digo, navegaba lejos de la filosofía, o eso pensaba yo. Cuando tropecé con este libro me encontré con un filósofo académico, su autor, que habla de otros filósofos, sobre todo Parménides de Elea. Ya conocía una interpretación en tono trascendente que hizo Ken Wilber de ese autor presocrático, pero no estaba preparado para leer lo que esta obra inmortal guardaba para mí. Porque el libro hablaba de mí, de todos nosotros en cierto modo. Algunos de ustedes quizá conozcan la sensación de leer un libro que, casualmente o no, sintoniza con el estado de ánimo, con las emociones o ideas que uno tiene en ese momento y de algún modo dialoga con nosotros.

Los clásicos tienen un poder singular para lograr esto porque hablan de los grandes temas, y ya había sentido esa sensación, pero no del modo volcánico que provocó entrar en Los oscuros lugares del saber. Parménides de Elea, al que quizá recuerden alguno de ustedes por haberlo estudiado en los albores de la adolescencia con los demás presocráticos, no era el adusto filósofo racionalista que me pintaron entonces como el fundador de la lógica occidental. Es decir, no sólo fue filósofo y experto en lógica, fue mucho más que eso. Fue un chamán, y el poema en el que expresaba su filosofía (que ha traído de cabeza dos mil años a los investigadores), un encantamiento destinado a que quien lo oyera accediera a un nivel distinto de conciencia. Para que, conducido por las hijas de la Noche, entrara en el ‘otro lado’, en el mundo superior inextricablemente ligado a este de abajo. Y no del modo que pretendía Platón, es decir con razonamientos, con la dialéctica, sino con una experiencia personal, comprobable.

Los pitagóricos, hermanos de espíritu de Parménides y compañeros de viaje vital, eran tremendamente prácticos. Sus intereses abarcaban desde lo metafísico a las aplicaciones prácticas y técnicas de las matemáticas para crear objetos cotidianos y útiles. No eran místicos tal y como entendemos hoy el término. Es decir, ellos habitaban muy conscientemente el mundo pero no eran del mundo, parafraseando una frase sufí. Pese a lo que se ha escrito sobre el dualismo órfico y pitagórico y la separación entre cuerpo y alma, es una incomprensión más acerca de ellos. Eso lo hizo Descartes en el siglo XVII, no ellos. El cuerpo no era despreciado, los sentidos no sólo no se dejaban aparcados como engañosos, sino que eran la puerta de entrada a lo innombrable.

Parménides era sacerdote de Apolo y facilitaba un proceso curativo e iniciático en unas cuevas, oscuros lugares, a quienes se decidieran a ello. No tenían más que echarse en un lugar adecuado y esperar en silencio hasta entrar en ese estado distinto que no es sueño ni vigilia. Hasta que terminaba por tener un sueño, una visión, o lo que fuera, que los enfrentaba con el dios, y se producía la curación. Un proceso chamánico que muy pronto comenzaron a despreciar los médicos seguidores de Hipócrates, que confiaban más en sus técnicas digamos ‘científicas’. Pero lo que ocurría a esas personas en la oscuridad de las grutas iba mucho más allá de la enfermedad y la curación. Afectaba a quiénes eran, qué sabían de la vida, la muerte y la realidad. Podríamos llamarlo ‘filosofía’ a condición de que no pensemos en la filosofía actual sino en la original, esto es, una preparación para la sabiduría. El amor por el saber, y no la discusión sobre el amor al saber que es lo que tenemos ahora en los institutos y facultades.

¿Pero qué es esa experiencia tan extraña, la experiencia iniciática? Lo que hace es enfrentarlo a uno a sus miedos más arraigados (sobre todo a la muerte). La mística, el autodescubrimiento, el conócete a ti mismo, pone entre paréntesis nuestras ideas, creencias, y nos confronta con el Todo, nos enseña que cada uno de nosotros somos el Todo. Para un ateo esa totalidad es el universo físico, para una persona religiosa será Dios. El fin último de ese proceso es que salgamos del pequeño mundo que nos marca nuestro yo, y nos dejemos abrazar por lo que nos supera. Comenta el filósofo Salvador Pániker que la mística de oriente y occidente, la cristiana, sufí, judía, hindú, cualquiera, tiene el mismo objetivo, superar el ego, identificarse con algo superior. Si alguien se identifica con el universo en su totalidad muere con menos angustia porque sabe que, dado que es, forma parte del universo, seguirá existiendo de alguna manera, aunque sea como moléculas que asciendan al espacio y naveguen con las estrellas por su impensable extensión. Personalmente, pienso en algo muy distinto cuando hablo de lo iniciático y espiritual pero cada cual es cada cual. Libre incluso para desdeñar cuanto digo.

Al escribir este artículo, me someto a muy posibles burlas, chanzas, desprecios… Pero no me importa. La Verdad, que yo no tengo y que desconozco pero busco, se merece correr ese tipo de riesgos. Porque una vez que aceptamos que fue cierto al menos el propósito y el empeño de esos hombres extraordinarios (debió haber también mujeres porque los pitagóricos no las discriminaban) todo cambia. La vida, la muerte, el dolor, la incomprensión, adoptan nuevos papeles en la tragicomedia del mundo.

He escrito este comentario, como todos los anteriores, con el propósito de animar a la lectura de un libro, nada más. Como dice Peter Kingsley, las antiguas palabras de los sabios que se conservan en manuscritos, piedras, tablillas…, no nos dirán nada si no ponemos nuestro propio ser en el empeño por entenderlos. Nosotros, cada uno de nosotros, es el ingrediente que falta. Cuando se añade ese ingrediente, las antiguas y olvidadas palabras florecen como una semilla que llevara muchos siglos esperando en el desierto la milagrosa caída de la lluvia.

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9 comentarios en “EN LOS OSCUROS LUGARES DEL SABER, DE PETER KINGSLEY

  1. Mantengo muy buen recuerdo de este libro, luego seguí con “Filosofía antigua, misterios y magia” del mismo autor, también muy recomendable. La editorial Atalanta que las publicó hace una rigurosa selección en sus colecciones “Mermoria Mundi” e “Imaginatio Vera” sobre temas relacionados.
    Un placer descubrir este blog con intereses compartidos.

    Saludos

    • ‘Filosofía antigua, misterios y magia’ es una verdadera joya. La historia de la filosofía griega convertida en novela policíaca y mostrada desde una óptica muy distinta a la acostumbrada. Su lectura es mucho más exigente pero merece la pena. Y la editorial Atalanta junto con Siruela y algunas más es mi favorita. Me alegro de que haya personas como tú que valoren estas lecturas minoritarias. Un saludo.

    • Bueno, ya sabes, esto de los gustos es muy subjetivo. Lo que ocurre es que a veces un libro consigue movilizar energías y cosas que van mucho más allá de sus páginas. Sobre todo dependiendo de quién lo lea y por qué. A lo mejor ese libro lo lee un ingeniero, un carpintero o una bióloga y no les dice nada en absoluto. Así son los libros, son ellos quienes nos escogen, o eso creo. Voy a echarle un vistazo a ese ‘Tao de Pooh’, que me has despertado la curiosidad. Gracias por pasarte y enhorabuena no sólo por el premio sino, sobre todo, por tu bendita bulimia y el trabajo que haces en tu blog difundiendo multitud de libros interesantes. Abrazos.

  2. Es curioso, José, que siempre hay algo creativo que nos puede acompañar en cada estado anímico.: ..Una lectura, una música, etc.. Gracias por la información… Abrazos 🙂

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