LA NARANJA MECÁNICA

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La primera vez que vi la película fue en el instituto. El profesor de una asignatura llamada ‘Introducción a la psicología’ o algo así, decidió que podía ser interesante verla. Lo fue. Creo que fue una de las primeras películas que vi en las que el malo es el protagonista (porque no dirán que Alex era un buen muchacho, ¿no?). Y mucho más que eso, un malo que es un esteta, un simpático hijo de la gran… Y un seductor que engaña a todo el mundo: un psicópata. Hoy estamos rodeados de series y filmes en los que el protagonista es similar pero hace diecisiete años, cuando yo la vi, no era tan común.

El segundo visionado fue en la facultad de Medicina de la Universidad de Granada, dentro de la oferta de cine clásico y gratis para universitarios. Tras esos dos vistazos a la película sentí curiosidad por la marginada novela de Anthony Burgess en la que se basa la película. Más de una vez había pensado, ‘¿para qué leer la novela si la película es, sin duda, superior? ¡un peliculón de Kubrick!’ No presté atención al prólogo del novelista inglés y me sumergí directamente en el turbulento y caótico submundo, postindustrial, violento y postmoral de La naranja mecánica.

Me sorprendió la enrevesada jerga de los golfos intervinientes en la historia, un lenguaje más intrincado y expresivo aún que en la película. Sin imágenes de por medio uno se introduce con peligrosa facilidad en la depravada personalidad de Álex, y corre también el riesgo de ser engatusado por su imparable facundia. Pero la gran sorpresa para quien conoce la historia a partir de la película es que cuando crees que has llegado al final, la historia sigue. Burguess, como católico malo, pero católico al fin y al cabo, necesita darle un contenido moral a una narración tan repleta de violencia, arbitrariedades e injusticias, así que su Álex se redime, madura, sienta la cabeza, decide construir en vez de destruir. Su propia inteligencia, su sentido de la estética tan desarrollado le muestran que tiene más mérito erigir una obra digna de mérito que destruir lo que tenga uno a mano.

Pero Kubrick, como ya saben (si han visto su ‘naranja’) prefiere vendernos otro Álex, el diablo sin escrúpulos que triunfa con su criminal y egoísta hedonismo. Su arte de la violencia es el único antídoto contra el aburrimiento de una sociedad hipertecnificada. En esto sigue parte de la enseñanza de la novela, pero ahí se queda. No hay redención, no hay maduración ni rearme moral, no existe moral en ese ‘the end’ sino triunfo del instinto animal frente a la frialdad maquinística. Y punto.

Y llegamos aquí a lo que les comentaba en las primeras líneas, el mito moderno, tan de moda, del psicópata como héroe. Les aseguro que detesto con todas mis fuerzas esta insana moda. De las víctimas no se acuerda nadie, si no han sido personas famosas como Saron Tate. Pero los asesinos sí quedan en el recuerdo colectivo: se escribe sobre ellos, se hacen películas, documentales…

Echen al mar todo lo que se ha escrito y filmado sobre psicópatas y nazis (otros de su gremio) y se podría cruzar andando desde Cádiz hasta Buenos Aires sin riesgo de caer al agua. ¿No es un poco lamentable? ¿O soy uno de los pocos (espero que muchos) inadaptados y cascarrabias que no sucumben a los encantos de Dexter y otros de su cuerda?

Y no me repliquen que Dexter mata a los malos. Dexter mata, es verdad, a los malos, disfrutando. No digo más. Hace poco me sorprendí leyendo que una estrella de la NBA (de los ‘Heat’) había estrenado unas zapatillas con el careto de ese mamarracho impreso en ellas. Como si de una estrella del deporte, la música o el cine fuera. Para que no haya duda, las zapatillas llevan el rostro de Dexter, no de Michael C. Hall, su intérprete.

Podría uno preguntarse por qué tienen tanto prestigio los asesinos y tan poco la gente de bien, pero sería una pérdida de tiempo. Simplemente fascinan, el mal fascina y el bien es aburrido, simplón. Patrick Harpur en su portentoso El fuego secreto de los filósofos, trata el tema con su perspicacia acostumbrada. La maldad, como la violencia, el sexo…, nos dice, forman parte de la psique. Y esas pasiones que antaño eran canalizadas con eficacia por el mito ahora toman la forma de humanos concretos que las representan. En los mitos hay monstruos que simbolizan la maldad, injusticia, violencia. En nuestro mundo de internet, televisión y masificada información el papel de monstruos mitológicos, tan fascinantes como peligrosos, lo ocupan personas (inmundas) de carne y hueso o sus equivalentes de ficción, actuando unos y otros como modelos recíprocos.

‘Amamos a los monstruos tanto como los tememos. Como se nos ha enseñado menos sobre el mito, donde moran monstruos, nos sentimos proporcionalmente más fascinados por monstruos humanos. Por ejemplo, al final del siglo x x , los asesinos en serie aparecieron de manera significativa, tanto en la ficción como en la realidad.

N o son como los asesinos ordinarios, que matan sólo una vez, habitualmente a alguien que conocen y por motivos comprensibles como ira, codicia o miedo. Los asesinos en serie, por definición, matan muchas veces, habitualmente a personas que no conocen y por razones que no son fácilmente comprensibles (si es que alguna vez lo son). N os fascinan tal vez porque parecen tener una dimensión mítica, como si estuvieran actualizando alguna pauta arquetípica más allá de sí mismos, haciendo reales la sexualidad y la violencia que deberían permanecer en el reino de la imaginación.

Si éste es el caso, asesinan a extraños porque no están matando a personas, sino imágenes, o, más bien, una única imagen en muchas personas. Puede ser la imagen de la Madre, la Niña, la Prostituta, la Condición de Mujer o lo que sea; pero, en última instancia, es de las imágenes del alma de lo que los asesinos en serie ansían ser liberados […]’.

Anthony Burgess ya captó algo de esa oscuridad tan atrayente en su libro, la oscuridad del abismo que nos llama. Yo, que les hablo desde estas líneas inconexas, no soy ajeno a esa oscuridad, soy tan envidioso, egoísta, celoso y cenagoso como tantos otros, y procuro darme cuenta. El mal no debería ser una sorpresa para nosotros si no somos tan ingenuos como el Cándido de Voltaire (el de las primeras páginas, porque luego espabila). Lo que sí me parece un escándalo es concederle el estatus de héroe al criminal. Por ese aro no paso. Por eso prefiero a ese Álex de la novela que empieza siendo un niñato malhechor y homicida pero luego cambia. Y cambia porque llevaba ya el bien dentro, de donde no hay no se puede sacar. Ese personaje es como los dáimones del libro de Patrick Harpur, las entidades que pueblan los mitos y no son malas ni buenas, sino malas y buenas. Como cada uno de nosotros con nuestra particular combinación de los ingredientes.

El Álex de Kubrick es un caso perdido, sin vuelta de hoja. Destinado como Sísifo a remontar la piedra por el monte para los restos, a cumplir el papel de asesino, violador, y tren sin frenos que se estrella contra las rocas una y otra vez sin aprender.

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13 comentarios en “LA NARANJA MECÁNICA

  1. La vi con 13 años y no me gustó nada de nada… Con los años la volví a ver y siguió sin gustarme.. Sus películas siempre van cargadas de simbología y pueden gustarte más ó menos pero nunca te dejan indiferente… Una entrada interesantísima… Abrazos de luz 🙂

    • Desde luego, como afirmas, sus películas tienen un sello muy particular. Suele haber en muchas de ellas un fuerte grito de libertad de fondo. Pero a veces hay que preguntarse a qué precio nos vende esa libertad. Gracias por leerme Mamen, un abrazo.

    • Buena reflexión, Manuel. Sí, la verdad es que habría que promocionar el bien mejor pero lo cierto es que tiene muy poco glamour trabajar ocho o diez horas diarias (o las que sean) y ser honrado. Los atajos son muy golosos y más si van acompañados de tarjetas en B. Creo que hay que inculcarles a los jóvenes que luchen con todas sus fuerzas por hacer lo que les gusta. Porque una vez que lo consigan más que un trabajo tendrán un lugar en el mundo y una fuente de satisfacciones para toda la vida. Un saludo y gracias por pasarte.

    • Me he pasado por tu blog y desde luego que me gusta el trabajo que haces. Si no le doy a seguir es porque ya sigo más de treinta blogs y no doy abasto. Pero ten por seguro que no será mi última visita. Muchas gracias a ti por leerme, un saludo.

  2. Muy buen post, nos pone a reflexionar si es que nos están “educando” para ver el mal como “natural” o peor, algo a lo que hay que aspirar ¡horror!

    Creo que las personas que tienen tendencias hacia hacer daño a otros, de una u otra forma lo pueden sublimar, hacer lo que les gusta, pero sin dañar, por ejemplo si Dexter utilizara su inteligencia y sus conocimientos sólo para capturar a los asesinos… y hasta ahí, sin caer en la tentación de “eliminar a los malos” por su cuenta. Si a alguien le gusta tocar sangre y cortar piel y carne, puede ser cirujano o carnicero, en fin, usar sus tendencias para beneficiar o al menos no dañar a otros al dedicarse a ello.

    Saludos

    • Es interesante lo que dices, Silvia. Creo que tienes razón. Hay personas que no tienen remedio y serán asesinos de todas formas. Pero muchos otros sí que podrían tomar otro camino y sin embargo, parece que ser un desalmado tiene prestigio. Hay todo un tejido formado por la actitud de los políticos, las películas, la publicidad… que tienden a disolver la ética, a difundir el mensaje de que todo vale. Me parece que las personas que, sin ser perfectos, tenemos algo en el pecho y en la cabeza tenemos un gran reto en este mundo. Un reto que nos desborda, por supuesto. Pero yo creo que debemos hacer ese esfuerzo aunque no sirva de nada. Decir: ‘soy imperfecto, el mundo es imperfecto, pero no todo vale igual, vamos a mejorar lo que se pueda’. Un saludo, Silvia, gracias de corazón por tu comentario.

  3. Hola querido José ⭐ ★ ⭐
    Muy buen post… Este libro desde mi punto de vista es excelente.
    Siempre se cita a Huxley o a Orwell para hablar de genero distópico…
    Pues bien yo creo que La Naranja Mecánica es el exponente ineludible…
    Por supuesto, el film de Kubric potencia al libro… Es uno de esos singulares casi expecionales casos en que esto sucede. En general no es la regla sino una excepción.
    Tu sinopsis y estudio del libro es precisa y muy bien escrita, amigo. Gracias por compartir!.
    Te paso el link de mi post alusivo para que le des un vistazo. Abrazos, “DRUGO” . Aquileana 😀

    • Tienes razón, Aquileana. Tanto el libro como la película son imprescindibles. En el post me limité a exponer un contraste llamativo entre ellos, pero como bien dices son complementarios porque cada obra aporta visiones que la otra no tiene. En cuanto pueda voy a ‘videar’ tu post. Un beso.

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