EL DIABLO DE LA BOTELLA, R.L. STEVENSON

botella

 

¿Qué pasaría si fuéramos dolorosamente conscientes de nuestros actos?

 

El protagonista de esta historia, acuciado por una enfermedad mortal, compra una botella habitada por un diablo que cumplirá todos sus deseos. Con la condición irrebasable de caminar de su mano al infierno al exhalar el último suspiro.

El atribulado Keawe había conocido a su futura esposa y se había prometido con ella justo antes de encontrar las trazas de la enfermedad en su piel. Su desesperación lo guió por un camino corto y siniestro, tan siniestro que conducía directo al infierno. Aquel ser terrible cuya silueta culebreaba en el vidrio lechoso de la botella le dio una hermosa casa, dinero, salud… Pero le arrebató la tranquilidad. Y entonces cada acto le recordaba a Keawe la condenación.

Existía una posibilidad de escapar al hechizo pegajoso de la botella: venderla a un precio más bajo del que se pagó para adquirirla. En ese caso la cornucopia envenenada pasa a otras manos, y con ella la condena.

 

Stevenson, quien deleitó a sus lectores con la trepidante La Isla del Tesoro y les inquietó con Doctor Jeckill y Mr Hide, presenta con esta novelita una historia adaptada a partir de una leyenda de los Mares del Sur, en aquella remota e intrincada red de archipiélagos sin centro ni confín que es Oceanía. No es esta una de sus mayores obras pero exuda por sus poros el arte del maestro escocés: acción, análisis psicológico de los personajes, alegorías con una enseñanza moral.

La desesperada situación de Keawe, un hombre que lo tiene todo, es buena muestra de ese arte simbólico. ¿Es posible que un hombre rico, que tiene cuanto quiere, vive con su amada, pueda ser infeliz? Lo es. El infierno de esta novela puede operar como analogía del vacío existencial de nuestros días, la barbarie moral, el hartazgo de todo, la banalidad en la que viven potentados y criaturas de la feraz, y feroz, selva del famoseo. También ofenden la estética y la ética unos seres híbridos entre la estupidez  y la malicia. Pertenecen a una especie antigua que ahora da ejemplares más inofensivos pero no menos molestos ni pesados para nuestros bolsillos y paciencia. Mucha gente los sigue llamando ‘políticos’. Bastantes de ellos (para no caer en la generalización empírica) compraron un día con nuestro voto, o sin él, una botella como la de esta novela. Y esa botella les otorga notoriedad social (lo cual más que un bien podría considerarse una anticipación del infierno), contactos, trapicheo, dinero, viajes gratis, coca para disfrutar con los amigos… El diablillo que habita en esas botellas es muy suyo porque, cuando vienen mal dadas, sacude a sus patrones y portadores con el oprobio social, la pérdida del poder, la cárcel…

Aunque, a juzgar por lo satisfechos de sí mismos, sonrientes y chuletas que se muestran creo que no padecen uno de los problemas que afligía a Keawe: la dolorosa consciencia de sus actos.

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8 comentarios en “EL DIABLO DE LA BOTELLA, R.L. STEVENSON

    • Una de las veces que leí esta breve obra atravesaba por un momento muy difícil. Y recuerdo una frase del libro pronunciada por el protagonista varias veces. Algo así como: ‘Ya está hecho. Una vez más hemos de aceptar lo bueno junto con lo malo’. Esa frase me marcó, me enseñó lo irreversible y determinante de algunas decisiones en la vida. Por eso, aunque esta novela quizá no tenga muchas pretensiones existencialistas, para mí sí tuvo esa connotación. Muchas gracias por pasarte y comentar María, un saludo.

    • Encantado de que te resulte interesante el libro. Se trata de una novela muy breve y quizá no pueda rivalizar con otras más redondas… Pero, en cualquier lugar puede uno encontrar cosas inspiradoras. Pero las personas inquietas como yo, de tanto buscar, acabamos encontrando lo que no hay. A veces quizá fuerzo a los inocentes libros para que digan más de lo que dicen. Aunque, claro, habría que preguntarse si hay libros inocentes. Un abrazo Aquileana, tus visitas siempre son un lujo.

    • Es que son tantos los libros buenos que tenemos en la lista de espera… Tengo libros electrónicos como para pasarme tres vidas leyendo. Pero bueno, hay que tomárselo con calma y seleccionar los que a uno más le llamen. Éste en concreto, si te decides a leerlo, es tan cortito que lo acabarás en una sentada. Te debo una visita, o unas cuantas, a ver si me desenredo un poco. Un saludo, Ale, gracias por tu entusiasmo e interés.

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