LA TRADICIÓN OCULTA DEL ALMA, DE PATRICK HARPUR

la-tradicion-oculta-del-alma Desde que comenzó la andadura de este blog, en febrero de este año que acaba, tenía en mente dedicarle una entrada a Patrick Harpur y alguna de sus criaturas. Finalmente hoy les hablaré de La tradición oculta del alma, su último libro, que resulta una síntesis perfecta de Realidad daimónica y El fuego secreto de los filósofos, sus hermanos mayores. Estos días me encontraba atareado, inmerso en el trabajo y las fiestas navideñas, y no encontraba mucho tiempo para dedicarle al blog. Tenía varios libros en mente para escribir otro post, mientras leía antes de acostarme algún fragmento de este libro. Anoche lo terminé y comprendí que sería este el elegido para retomar la actividad. Las personas que crean en el alma están de enhorabuena, no exactamente con este post pero sí con este libro maravilloso. Quienes no crean que tengamos alma pueden tomarse ambos como sendos ejercicios de narrativa, ficción. Aunque, desde el punto de vista que el autor nos propone, el alma tiene mucho que ver con la Imaginación, y por tanto con lo literario. Pero, y entramos en harina, Harpur no entiende la imaginación (con mayúscula o sin ella) como a menudo la concebimos, es decir, el contenido fantasioso de nuestra mente. No sólo así. Para pergeñar esta teoría de la imaginación, y del alma, este escritor se basa en la visión que tenían de ella los poetas románticos ingleses, o algunos de ellos: Wordsworth, Coleridge, Keats… Y por supuesto, William Blake. Estos autores veían, pensaban y sentían la imaginación como un territorio real (aunque no literal) y no un mero contenido de la mente. Harpur nos recuerda que esta forma de percibir lo real se remonta al hermetismo renacentista, el neoplatonismo, y, cómo no, a Platón y sus formas perfectas, que subsisten en un mundo superior a éste, y sirven de modelo para los cambiantes objetos terrenales… Y todo eso. Algo les sonará. anima mundi Pero bueno, vino la modernidad y con su materialismo, mecanicismo, y otros adustos “ismos”, arrinconó cualquier aspecto humano que no fuera la sacrosanta razón. Descartes separó de forma tajante el alma y el cuerpo, lo cual nunca había ocurrido con esa brusquedad. Y muchos de sus sucesores optaron, y aún lo hacen, por quedarse con el cuerpo solamente y olvidar esa entelequia inasible llamada alma. Con el breve interregno de esos estrafalarios poetas románticos y nostálgicos, llegamos al siglo XX. No podemos deshacernos así como así del alma, dice el autor, como mucho podemos olvidarla. Y ésta, que siglos atrás daba un especial brillo, vitalidad y misterio a los bosques (atestados de hadas, gnomos, duendes…), los mares, y a las cosas cotidianas, termina refugiándose dentro de nosotros. El burgués medio, tan razonable, gris, reprimido a veces, comienza a notar que algo le hace la puñeta irresistiblemente desde su propio interior. Tiene malos sueños, ansiedad, sensación de vacío, emociones compulsivas… Freud  arrima el oído a esos desarreglos y se saca de la manga el “inconsciente”. Que, por supuesto, siempre estuvo ahí. Solo que, fuera lo que fuese, antes siempre había sido consciente. El austríaco sitúa ese “inconsciente” dentro de las paredes de nuestro cuerpo, en concreto del cerebro, y lo relaciona en buena parte con asuntos sexuales reprimidos.

Después, el gran hereje del psicoanálisis, Jüng, se dio cuenta de que esos contenidos inconscientes iban más allá de nuestro cuerpo individual, de nuestra personalidad, y abarcaban el mundo entero. El “ánima mundi” de los neoplátonicos estaba de regreso con el nombre de “inconsciente colectivo”. Y aquí está una de las paradojas del alma (y de la imaginación, pues son equivalentes): está al mismo tiempo en nuestro interior y abarca todo lo exterior dándole sentido. Además de paradójica es polimórfica y cambiante, a un científico como James Lovelock se le coló en su imaginación (o él se coló en la Imaginación) para pensar su hipótesis Gaia y reconocerle al planeta una inteligencia subyacente y autoproducida. El terreno favorito del alma es el de las imágenes. Los dioses y dáimones paganos, los ángeles y santos cristianos son aspectos del Uno (Dios, cosmos, lo impensable, la Naturaleza, etc.). Pero, ¿qué es el alma para nosotros?, ¿dónde podemos buscarla? Patrick Harpur responde: “[…] El abanico de las partes del cuerpo donde la hemos situado a lo largo de la historia (cabeza, corazón, sangre, ‘grasa de riñón’, cerebro, etcétera) es una metáfora de su omnipresencia. No la capturaremos de frente, sino de soslayo, siempre que estemos abiertos a insospechadas profundidades que aporten sentido; cada vez que percibamos un secreto, algo interno, que resulte revelador; cuandoquiera que hagamos una asociación repentina, como una metáfora, que ofrezca una visión nueva. Del mismo modo, cultivaremos el alma si buscamos la profundidad, la interioridad y la asociación; es decir, si ejercitamos la imaginación. Esto incluye practicar cambios de perspectiva, o ‘mirar a través’ de otra realidad; observar el mundo poéticamente o ‘con doble visión’: descubrir lo metafórico en lo literal, el relato detrás de los “hechos”; reflexionar o ‘mirar atrás’ para asociar el presente con el pasado, o mejor dicho, la experiencia presente con su trasfondo arquetípico; ampliar y desarrollar imágenes, ya estén en sueños, obras de arte o en el pasillo de un supermercado, adquiriendo conciencia de las conexiones y emociones que dichas imágenes nos evocan; ‘soñando el mito hacia delante’, como solía decir Jüng” (página 221).

No me digan que esta propuesta no les hace tilín. Incontables artistas, científicos, escritores y otras personas dotadas de olfato para lo profundo han seguido esa senda creyeran o no en algo más allá de sus sentidos. Sólo se orientaron instintivamente (o a sabiendas) por los recovecos, laberintos, subidas y bajadas, matorrales y avenidas del alma. Porque, como decía Heráclito: “No encontrarás los confines del alma ni aun recorriendo todos los caminos; tal es su profundidad.”  Amaringo

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20 comentarios en “LA TRADICIÓN OCULTA DEL ALMA, DE PATRICK HARPUR

  1. Muy bello análisis con excelentes ilustraciones; y del alma:

    “No la capturaremos de frente, sino de soslayo, siempre que estemos abiertos a insospechadas profundidades que aporten sentido; cada vez que percibamos un secreto, algo interno, que resulte revelador; cuandoquiera que hagamos una asociación repentina, como una metáfora, que ofrezca una visión nueva.”-Patrick Harpur

  2. Descartes como otros franceses tiende a decapitar, dejando esto de lado, hablaste del panteísmo sin mencionarlo, interesante libro, tendré que conseguirlo.
    Ahora que te he leído recordé que Unamuno refiriéndose al subconsciente dice que no existe tal, el prefiere llamarle “intraconciente”, aduciendo lo mismo que dices, el inconsciente siempre ha estado allí y se a nutrido del mundo. Saludos.

    • Gracias por tu oportuna reflexión, Fernando. En realidad, creo que el “ánima mundi”, o alma del mundo, puede interpretarse de forma panteísta pero no es necesario. La incesante sucesión de las imágenes del alma en su sentido cósmico, o externo, es compatible con la Unidad trascendente (O como dicen los sutiles orientales, el No-dos). Un gran saludo.

  3. ¡ayyy me ha encantado! y hasta me llevo algún apunte 😉 porque lo explicas con mucha claridad. Lo anoto en mi lista.
    Aprovecho para desearte un buen cierre del año y que el 2015 traiga muchas bendiciones para tí y los tuyos.
    Un abrazo,
    Ale.

    • Me alegro de que te haya gustado, Ale. Es un libro extraordinario. Y además, breve, para quien no tenga mucho tiempo. Por todas las cosas que cuenta y cómo las cuenta está en mi top 10 de favoritos de siempre. Abrazo fuerte y que tengas un 2015 lleno de libros portentosos y mucha felicidad.

  4. Impactante lectura querido J…
    No puedo dejar de felicitarte por el genial post, perfectamente amalgamado con las ilustraciones.
    Un fuerte abrazo y lo mejor para el 2015. Aquileana 😀

  5. Otro libro que tendré en mente para comprar, me gustan mucho los libros que tratan acerca de ello, yo sí creo que todos tenemos alma, pero como bien escribes, muchos se encargan de refutar la palabra, pero para mí, solo le cambian el nombre, al final, el alma esta ahí creas o no que la tienes, eso sí, creo que las personas que nacen con ese amor al arte en sus diferentes formas, están más cerca de su propia alma, bueno, eso creo yo porque así es como lo siento, por mucho que me digan que es una tontería o no me dará de comer lo que me gusta desde muy pequeña, no me importa, porque ahora sé que es parte que nació conmigo, y no solo es un gustó que creció conforme yo crecía, no sé si me di a entender, espero que sí. B.J.

    • Claro que sí. Todos tenemos una chispa vital, un motor que hace moverse nuestra vida, muchas veces sin saber hacia dónde. Pero sabemos, si escuchamos esa vocación profunda, que vamos por camino auténtico. Y a eso se puede llamar “alma”, o como se quiera, pero sin ello nuestra existencia se apaga y torna triste y sin sentido. Hay científicos y personas de muchos otros ámbitos diciendo que la vida no tiene sentido, es puro azar, la unión casual de moléculas y reacciones químicas… Pero la vida es significado en sí misma, es como una novela, un poema, un cuadro. Una expresión artística a veces terrible y también hermosa. Un saludo, B.J.

  6. Como bien nos indicas que decía Heráclito: “No encontrarás los confines del alma ni aun recorriendo todos los caminos; tal es su profundidad.” … te paso un post de reflexión sobre este tema que hace algún tiempo expuse en mi blog con la opinión personal de un amigo, que también es la mía… aunque cada uno podrá pensar lo que bien entienda su imaginación creadora.
    https://centroauri.wordpress.com/2013/02/07/alma-y-espiritu/

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