LA SABIDURÍA RECOBRADA, MÓNICA CAVALLÉ

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¿Alguien quiere ser sabio?

 

El campo de la filosofía es uno de los menos definidos, al menos hoy en día. Ríanse de las controversias de hace unas semanas sobre qué es eso llamado ciencia.

Por eso existen miles de formas de entenderla. No en vano, dicen que cada persona tiene su filosofía. Es curioso como a pesar de que el estudio filosófico es pisoteado por sistema en los programas de educación la palabra filosofía brota por aquí y por allá como setas en otoño, o espárragos en primavera (ahora que estamos cerca de su temporada). Que si esta empresa tiene una filosofía de tal modo, que si el plan x del gobierno está pensado desde cual filosofía… Por eso, me arrojo al ruedo, y digo (sin desarrollarlas) mis tres formas de ver la filosofía:

-como teoría crítica. Es decir, un pensamiento articulado, reposado y agudo sobre lo que nos rodea (sociedad, política, costumbres…).

-como teoría de teorías. Que reflexione (sin ínfulas ni moños) sobre el conjunto de las disciplinas de conocimiento (ciencias, artes, técnicas), más que nada para orientarnos en nuestro cambiante mundo y encontrar un asidero de sentido (o sinsentido, cada cual como le guste).

-como preparación para la sabiduría. En mi opinión es el sentido originario de la filosofía, como su etimología indica (de filos, amor y sofía, sabiduría). Siento una predilección especial por esta forma primitiva del filosofar, que era (y es, para quien quiera) intensamente práctica, vital y muy alejada de todo academicismo. Es de esta versión de la que trata el libro de Mónica Cavallé y de la que voy a hablar un poquito en este post.

Ahora podemos retomar la provocativa pregunta del principio: “¿alguien quiere ser sabio?” Suele ser habitual que cuando nos hablan de un sabio se nos venga a la mente una persona anciana, con anteojos y una gran biblioteca a la espalda. Me encantan los libros pero, para mí, y con todos los respetos, la erudición no es la verdadera sabiduría. Los libros, como cualquier cosa en la vida, pueden ser magníficas oportunidades que nos sitúen en el camino de ser sabios, pero no por el hecho de leer mucho uno se vuelve sabio. No sólo. Sin embargo, es cierto que muchos sabios leyeron mucho y tuvieron una gran biblioteca.

La sabiduría es un peculiar camino de ida y vuelta desde el interior al exterior. Los cortos de miras y supersticiosos nazis se afanaron en buscar el Santo Grial para tener un objeto mágico entre las manos, que acaso regalaba la inmortalidad. Pero el Grial está, a buen recaudo, dentro del corazón de cada uno de nosotros. Hasta aquí nada que no se haya dicho hasta el hartazgo en miles de libros de autoayuda y no se venda en los mercadillos de lo esotérico: la verdad está en el interior. Vale, pero ahora es necesario el camino de vuelta, de dentro afuera. Es decir, ese cáliz sagrado que hemos encontrado en nuestro interior (si tal cosa se ha producido) hay que verlo en el exterior. Quizá en la copa, o más bien el cartón de vino, de un borracho que pasa por nuestro lado. La verdad es piedad, vernos en el reflejo del otro. Por eso los secuaces de Hitler nunca encontraron el Grial.

No todo el mundo puede ser filósofo en el sentido académico. Porque no tiene tiempo para invertirlo en estudiar teorías de pensadores, no le gusta o no comprende lo que lee (esto nos pasa a muchos estudiantes y profesores, o sea que tampoco es para tanto). Pero todo el mundo, cada persona, puede ser sabia. Es la gran enseñanza que aporta el libro de Mónica Cavallé. No necesitamos para ello complicadas técnicas, alambicadas meditaciones o extravagantes rituales. Hay, entre otras, una llave que nos franquea el camino de los sabios: OBSERVACIÓN. Observar lo que nos rodea, eso siempre, pero, además, observar qué sucede en nosotros. Cuando una emoción nos tiene atenazados, ya sea miedo, celos, envidia, ira, prestarle atención logra que sepamos, en primer lugar qué nos pasa. Y en segundo lugar, esa atención sosiega nuestro estado emocional, hace que amaine la tormenta.

Si nos engañamos a nosotros mismos, cómo vamos a esperar que nuestros gobernantes, empresarios, o el vecino del tercero no nos engañen igual. Decía Heráclito, hace muchos siglos, que vivimos recluidos en nuestro pequeño mundo, sin atisbar si quiera el mundo que es común a todos. Ese mundo, esa vida, que no es cruel o maravillosa sino cruel y maravillosa, precisamente porque no es nada de eso, no tiene nada que ver con nuestros valores o expectativas. Simplemente es, y así hemos de aceptarla. Y aquí viene otra regla de oro de la sabiduría que nos muestra Cavallé: la ACEPTACIÓN. Estoy seguro de que ya tengo encima una legión de progresistas, militantes de esta y la otra causa (que pueden ser muy loables todas ellas) criticando mi conformismo. “¿Aceptar? ¿Cómo es posible? ¡Con lo mucho que tenemos que hacer para mejorar el mundo!”, pueden decir.

Aceptar no es resignarse. La aceptación nace de la consciencia de que la naturaleza, la vida, nos supera, siempre nos vence. Un día nuestra chispa vital se apaga y morimos. Hagamos lo que hagamos no podemos desviar las leyes naturales de su curso. Uno está frente a la sobrecogedora majestad de una montaña y se inclina, en su pequeñez, ante esa grandeza. Es preciso admitir la finitud.

Sin embargo, una vez aceptado que no puedo modificar el mundo en bloque, cambio lo que puedo. Primero aceptar, después trabajar. Desde nuestra finitud, precariedad y fragilidad somos capaces de hacer grandes cosas, y debemos hacerlas. Pero sin perder de vista nuestras limitaciones, porque si no se nos inflama el cerebro con ideas resonantes (patria, Dios, igualdad, capital) y nos creemos con el derecho a imponerlas. Y son ideas que en su contexto están muy bien, pero fuera de control producen infelicidad, frustración… Y cadáveres. Seamos sensatos y construyamos lo imposible desde nuestras posibilidades. Otro mundo es posible, pero estará en algún libro de Borges. Este, que tenemos bajo los pies, resulta hoy el único a nuestro alcance. Este es nuestro jardín, quitemos la mala hierba y contemplemos las rosas antes que el tiempo, que todo lo quema, se las lleve.

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12 comentarios en “LA SABIDURÍA RECOBRADA, MÓNICA CAVALLÉ

  1. ¿Qué haríamos en la vida, en la supervivencia y en los sueños sin filosofia? Pues eso, unas pildoras filosóficas cada día para entender y aceptar mejor la realidad y sus fantasmas. Feliz domingo y resto semaña. Abrazos

  2. José, excelente post… Veo que las definiciones que apuntan a la Filosofía como teoría de teorías, por ende como forma de Meta Conocimiento son afines a mi punto de vista…
    La manera en que encaras el tema y lo llevas al campo de la realidad es genial y elocuente… Podemos decir pues que la Filosofía es entonces e incluso, una praxis… Lo cual me parece interesante por ser operativo en cierta forma.
    Un abrazo y gracias por la profunda lectura. Buen fin de semana , Aquileana 😎

    • Gracias por tus palabras, Aquileana. Pienso que la filosofía tiene que ser más humilde que nunca en su tarea de sentido (como metateoría) pero sin renunciar, como muy bien dices, a la dimensión práctica. Y en ese aspecto ha de ser, si bien humilde, muy fuerte, firme, en su defensa de la libertad y la racionalidad (lo que se pueda salvar de ésta). Porque en nuestros días hay criminales asesinando salvajemente en el Estado Islámico, y destrozando un legado cultural que nos pertenece a todos. Un abrazo Aquileana, y gracias por estar aquí.

  3. “La sabiduría es un peculiar camino de ida y vuelta desde el interior al exterior” ¡me encantó! yo quiero ser sabia para caminar en pos de lo que da felicidad y paz a mi corazón 😉
    un beso,
    Ale.

  4. Que interesante reflexión, pongamos cada uno nuestro granito de arena con la fe y la ilusión de que cada grano sea como la playa de los sueños y acabaremos creando una playa real. El cambio se producirá. Filoabrazo!

    • Gracias, Ander. Tenemos el compromiso de hacer del mundo un lugar mejor, sin ponernos límites mentales pero con un gran realismo y sentido práctico en cada paso, así al menos lo veo yo y creo que concuerda con tu hermosa propuesta colectiva. Un gran abrazo y gracias por venir.

  5. Reblogueó esto en Centro Mente Maestray comentado:
    Os dejo una excelente entrada del blog “Ritual de las Palabras”. Además de recomendar un estupendo libro, se refiere a dos conceptos como la OBSERVACIÓN y la ACEPTACIÓN con un aproximación que nos recuerda a enseñanzas budistas.

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