LA PIEZA OSCURA, ENRIQUE LIHN

la pieza oscura

Supe de este poeta chileno por un compatriota y amigo suyo: el controvertible, polifacético e incombustible Alejandro Jodorowsky. Los dos fueron compañeros de surrealistas aventuras por las calles de Santiago de Chile llevando a cabo “actos poéticos”. Se conocieron de este modo: Jodorowsky, por aquel entonces con 19 años, igual que Lihn, organizaba una suerte de happenings surrealistas (o “efímeros pánicos”). En ellos los participantes subían a un estrado y confesaban algo, se expresaban de forma libre y creativa. Enrique recitó un largo poema “balanceándose como un metrónomo, después de colocarse un espejo oval como máscara” (La danza de la realidad, página 130).

Antes mencioné los “actos poéticos”. Expliquemos mejor qué eran. Los dos amigos acordaban, en su visión de la poesía, que había dos formas de ésta: “la escrita, que debía ser secreta, una especie de diario íntimo que necesitaba un mínimo número de lectores, creada para beneficio solamente del poeta, y la poesía de actos, que debía realizarse como un exorcismo social ante numerosos espectadores” (en palabras de “Jodo”).

Esta peculiar visión les llevó a cometer solemnes locuras poéticas. Como proponerse llegar a cierto punto en línea recta. Costara lo que costase, es decir, subiendo árboles, penetrando en casas ajenas (con el consentimiento alucinado de sus dueños), trepando por muros, enfrentándose a jaurías de perros enloquecidos… Sus “actos” eran constantes provocaciones que pretendían romper la cáscara de la realidad cotidiana. En una ocasión acudieron a la terraza de un bar y se ataviaron como mendigos, portando cada uno un instrumento (un violín y una guitarra), como si fueran músicos callejeros. Pero luego destrozaron los instrumentos contra el suelo (como The Who en pleno concierto) y dieron una moneda a cada uno de los clientes del bar. Otra vez asistieron a una reunión de la Academia Literaria y, lanzando gritos de horror, se sacaron carne picada de los bolsillos y bombardearon con ella a los estupefactos asistentes. Y como éstas, otras muchas trapisondas que no viene al caso mencionar. Esas actuaciones bordeaban la gamberrada pura y simple, al margen de las consideraciones artísticas que les dieran motivo.

De modo que Enrique Lihn y Jodorowsky no tardaron en percibir que el acto poético debía tener un tono constructivo. Debía mostrar “con verdad y belleza energías creativas normalmente reprimidas”, y además “ser una fisura vital en el orden petrificado que perpetuaba la sociedad, no la manifestación compulsiva de una rebelión ciega”. Y a continuación se detalla uno de esos actos guiados por una conciencia más positiva y generosa:

Pensaron crear un acto poético especialmente para Pablo Neruda, que iba a regresar desde Europa en primavera. Habían conocido a un hombre experto en la cría de mariposas, se hicieron con huevos de ese insecto y resolvieron sembrar la residencia del poeta con ellos para que cuando volviera allí se encontrara con una bella explosión de colores en el aleteo de miles de mariposas.

Fuimos […] a Isla Negra, playa donde el poeta había construido un refugio uniendo varias casas, entre las que emergía una torre. Lihn, con aire de mago, introdujo en la antigua chapa una llave vieja, al parecer un recuerdo de su abuela, y sin hacer el menor esfuerzo la hizo girar. ¡Se abrió la puerta del antro sagrado!

A pesar de que sabíamos que en esa época allí no habitaba nadie, entramos andando sobre la punta de los pies, con miedo a despertar quién sabe qué musa terrible. Los cuartos estaban llenos de hermosos y extraños objetos: colecciones de botellas de todos los tipos, mascarones de proa con rostros encendidos por el delirio, piedras estrafalarias, enormes conchas de mar, libros antiguos, bolas de cristal, tambores primitivos, cajas moledoras de café, todo tipo de espuelas, muñecos folclóricos, autómatas, etc.

Era un museo encantador formado por el niño que habitaba en el alma del poeta. Con respeto religioso no tocamos nada. Nos movimos poco, más que andar nos deslizamos esquivando los objetos. El cultivador de mariposas, cargando sus paquetes, tieso como una estatua, apenas se atrevía a respirar. De pronto Enrique fue poseído por una energía angélica que le hizo perder gran parte de su peso.

Comenzó a saltar sin el menor esfuerzo, entonando una canción compuesta de sonidos ininteligibles, que sonaban entre árabe y sánscrito. Lo vimos bailar como si su cuerpo hubiera perdido los huesos, sus equilibrios eran fantásticos, más y más osados, más y más cerca de los preciosos objetos.

Cuando llegó al paroxismo se agitaba tan rápido que parecía tener cientos de miembros. No rompió nada. Todo permaneció en su sitio. Terminada la danza, nos arrodillamos meditando mientras el caballero colocaba en rincones estratégicos sus larvas. Terminada su tarea, emprendimos el regreso a Santiago. El cultivador nos aseguró que, cuando Neruda entrara en su casa, de todos los rincones surgirían nubes de mariposas”.

El Enrique Lihn que escribió La pieza oscura tenía algunos años más, no muchos. Y el caudal torrentoso de sus versos se había remansado, descrito meandros de tristeza, luminosidad extraña… Se hizo subterráneo y atronador al mismo tiempo, como una corriente que nos sobresaltara sin ruido aparente, alterando el aire cotidiano con palabras sin aliento.

¿Qué será de nosotros. Volvimos, entonces, sobre nuestros pasos

o de esa rápida escena familiar

los atolondrados actores fuimos falsos testigos y, mientras se nos

obligaba a prometer

que desistiríamos de repetir la aventura, ella que todo lo había tomado

de nosotros

ligándonos a su destino nos abandonaba a la miseria del nuestro?

Nuestros padres nos reservaron un despertar olvidadizo. El pozo

fue cegado

y en el camino de la selva se levantaba una tapia; en un jardín

como otros, nada que recordara

la migración de los pequeños salvajes.

Y se nos cuenta acaso entre el número de los ausentes

que es forzoso admitir en toda reunión, una especie de fantasmas

pero de esos que nadie invocaría, pues siempre están allí, en su lugar

esperando el momento de aparecer en escena, sólo por un momento

que nadie les disputa

y que nadie quisiera disputarles”.

(El bosque en el jardín)

Versos inquietantes, esquivos, se podría decir que hasta enfadosos. Como todo gran poeta, Lihn escarba en nuestro bosque de significados, cultivando un extraño jardín palpitante.

Nos despedimos con los versos que siguen.

 

Las palabras que callo cambiaron de sentido:

yo no puedo decir una cosa por otra, la poesía no se hace en los labios

sólo puedo llamarte por tu nombre, lo siento. Aunque del lado tuyo

esté la tierra

y te parezcas como nunca al amor, bajo la astucia de sus manos

que encaminan los pasos de cada una de sus hijas.

Sí, todas las mujeres se te parecen, ahora que no te pareces a ninguna

bajo este sol que vuelve a mirarnos de frente como en los buenos

días.

Al alcance de la aridez de la memoria, allí ensaya el olvido un canto

como de aguas,

una inocente canción sin asunto que uno terminaría por aprender

a oír.

Y se está bien caminando a tu lado en cualquier dirección, del

lado de la tierra,

en dirección al zoológico donde el mono espera en su cátedra

para enseñar al hombre la gracia original, la impudicia, la alegría,

la ternura originales,

el desdén por la miseria en que lo educa su locura.

Bello desierto de la inteligencia poblado estrechamente por el

capricho del instinto

que gusta de encarnarse en variados disfraces […].

(Zoológico).

Enrique-Lihn

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6 comentarios en “LA PIEZA OSCURA, ENRIQUE LIHN

  1. Interesante conocer a este poeta chileno, querido José… Muy buena lectura… y, por cierto, me gustaron mucho los versos finales de “Zoológico”. Un abrazo y buen domingo! Aquileana ⭐

    • Chile es un país de extraordinarios poetas (no me dejo atrás a la Argentina, donde habéis disfrutado de Storni, Pizarnik, Gelman… y tantos otros). Encontré sugerentes los versos de Enrique Lihn y me alegro de que te interesaran también. Hermoso domingo para ti, Aquileana, gracias por estar siempre ahí.

    • ¡Perdona la tardanza en responder, Mamen! Precisamente llegué anoche a casa después del primer examen. Dejémoslo en regular, no quiero ser ni optimista ni pesimista. Los tablones de notas dirán. Me alegro que te gustara el post sobre este poeta chileno. Un gran abrazo y gracias por pasarte.

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