ANACONDA, ALBERTO VÁZQUEZ FIGUEROA

 

anaconda

Como lectura de verano, no está mal este libro. Aunque vale para todas las estaciones del año, igual que sus demás obras, como muy bien saben millones de lectores fieles al narrar del escritor canario.

Como dije en la entrada dedicada a Tuareg, del mismo autor, Alberto Vázquez Figueroa lleva adherida la etiqueta de best seller, y no es por cualquier cosa sino por haber vendido millones de libros precisamente. Pero sus obras no se consideran aptas para los gourmets literarios. En ese sentido, y como mero aficionado, ni quito ni pongo. Aunque baste leer alguna de sus mejores novelas como  León Bocanegra, Océano, Viracocha o Ébano  para darse cuenta de lo eficaz de su prosa, la fuerza y definición con que narra, con un estilo no exento de un tono poético sencillo pero cálido.

Esta gran novela de su vida no tiene nada que envidiarle en emoción, aventuras y dramas a las novelas de ficción que conocemos de él. Autobiografía de Vázquez Figueroa que ya desde las primeras líneas nos envuelve en su mundo de curiosidad, viajes, y terribles vivencias. Y lo hace, ganarnos para su causa, con el que es uno de los capítulos que más me gustan, o, directamente, el que más. La marcha, tras la muerte de su madre, del Tenerife natal (dejando atrás a su abatido padre y a un hermano mayor) para ir a vivir con su tío al desierto, al otrora Sahara español.

Desde pequeño me ha fascinado el desierto, y ese comienzo de Anaconda no hizo sino reforzar esa extraña devoción. Extraña en verdad, porque como cuento en el comentario de Tuareg, mis pies han pisado paisajes bastante áridos pero nunca el desierto. Esos parajes, por cautivadores que sean (sobre todo desde lejos y con el aire acondicionado a tope), tienden a disuadir con aspereza al principio. Aquel niño canario de 13 años que aterrizó en las ardientes arenas detestó, a bote pronto y con todas sus fuerzas, aquellos parajes infernales, asfixiantes. Pero con el tiempo se fue acostumbrando, y luego el desierto se convirtió en inopinado paraíso: poblado por infinidad de animales, por la infinita extensión que desafiaba lo imaginable y forjaba el espejismo de una libertad sin fronteras… Y los “hijos de las nubes”, los tuareg, también tuvieron que ver en ese enamoramiento mágico de las dunas. Con la autenticidad desarmante de una forma de vida en vías de desaparición.

Aquel mundo misterioso, terrible y ardiente quedó atrás cuando Alberto regresó al mundo “civilizado” para estudiar el bachillerato con 16 años. Luego estudió periodismo en Madrid y aprendió la profesión de buzo con un tal Jacques Cousteau. Su estreno como maestro de buzos fue  nada menos que rescatando cadáveres en el desastre del lago Sanabria en Ribadelago (Zamora).

Aquel joven periodista y buzo tenía claro que quería escribir, ver mundo, arrostrar riesgos… Y se convirtió en corresponsal de guerra marcando la futura vocación de un observador adolescente de sus peripecias: Arturo Pérez Reverte.

Y en esos miles de viajes, guerras (República Dominicana, Bolivia, Chad, Congo…), y páginas escritas África y América se convirtieron en permanentes vórtices de fascinación que le hacían volver una y otra vez a visitar sus desiertos, selvas… Y en una de esas selvas en el Amazonas se cruzó con su animal totémico: la anaconda. Con cuyos especímenes tuvo más de un encontronazo molesto.

“Anaconda” le llaman por este libro de su vida, precisamente por ese empeño en buscar a aquellos colosales reptiles (se capturó un ejemplar que medía más de diez metros y pesaba casi 300 kilos) desafiando su carácter inhospitalario y la tendencia a tragarse todo lo que se mueve a su alrededor. Pero, más que “Anaconda” deberían llamarle “nómada”. Como los “hijos de las nubes” (tuareg), los beduinos y otros caminantes sin camino, lo suyo ha sido tener el ojo avizor al horizonte para qué ver qué nuevas experiencias nos trae. Y vivirlas con los pies puestos en el ahora y el corazón marcando un redoble de tambor con el que se anuncia un “más difícil todavía, señoras y señores”.

Esa vida de incesantes viajes tuvo un seco parón, justo antes de Anaconda, debido a una extraña enfermedad que le provocaba (no sé si aún la sufre) hemorragias e impedía alejarse demasiado de un hospital para recibir la oportuna transfusión. Entonces Vázquez Figueroa fue compensando el fastidio de alejarse de su gran pasión viajera con otra de sus grandes querencias, la escritura. 80 libros entre novelas, libros biográficos y alguna obra de teatro.

Y no nos podemos olvidar de su faceta como inventor. Fue famosa la propuesta de crear desaladoras para extraer agua potable del mar mediante un proceso sin mucho coste. Según él los políticos se echaron al bolsillo parte de la ayuda europea para financiar el proyecto, y de 50 plantas proyectadas se hicieron tres que al parecer no funcionan. Los políticos, ya se sabe, arreglan las cosas a su manera.

Pero el ingenio de este hombre singular no se ha sosegado. Y, con una mezcla de sentido común, lógica y una pasión determinante por el bienestar  de los más desfavorecidos del mundo, ha seguido pariendo propuestas. Que no sabemos si son paridas como dirán sus detractores o artefactos de gran utilidad. Para saberlo es preciso realizarlos y ponerlos a prueba. El último de esos ingenios se explica en Hambre, la última de sus novelas. Ha pensado que podría ser útil en África, en la zona subsahariana del Sahel. Consiste en una bandeja de hierro de color negro que serviría para varias funciones: atrapar el rocío nocturno para así obtener agua y tostar el trigo, el maíz o las legumbres para cocinar unos alimentos que sin procesar se vuelven indigeribles.

Le deseo mucha suerte al viejo escritor con su última novela y, bastante más, con las últimas invenciones. Porque su suerte será la de millones de personas.

figueroa

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s