CANCIONES, JIM MORRISON

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En estas canciones, versos, hay locura y belleza. Como un rosal ardiendo en el desierto, sin razón aparente. Jim Morrison fue como un Bird (Charlie Parker) metido a profeta irreverente del Apocalipsis. Mientras los alegres y, a veces, insustanciales hippies celebraban su romería de flower power desembocando en el vapor difuso de la nada, Jim esgrimió esa NADA; con la cara siniestra de la muerte en las manos, y  la canonización fanática y orgiástica de la vida como bandera.

No se fíen cuando Jim canta sobre el Easy ride, el viaje fácil. Porque el viaje que inspira sus composiciones es el de los riders, jinetes, que preceden al Juicio Final. El “mal viaje” de ácido, tantas veces glosado con o sin conocimiento de causa, deja al infierno cristiano como una relajada excursión. Aunque, en realidad, en tal singladura, los horrendos demonios medievales y las gárgolas que montan guardia en las catedrales góticas cobran vida y se dan un paseo. Por nuestra mente.

James Morrison sabía bastante de eso: conocía la risa, las selvas de colores, el estallido de todas las dimensiones y coordenadas, el soplo envolvente de la naturaleza en toda su belleza psiquedélica; y también había pasado por la katábasis negra en la que el yo se pierde para siempre en una tumba sin salida por toda la eternidad. Lo normal en un experimentador imparable.

Su gran amigo el rockero Alice Cooper (de nombre civil  Vincent Fournier) asegura que Jim, nada más llegar a una fiesta se ponía a punto con un par de botellas de Jack Daniels, para empezar (y las acompañaba con unas sospechosas pastillas que se ofrecían en cuencos). Lo que realmente le sorprende a Alice es que tardara tanto en morir, no que de hecho muriera a los 27 años como tantas y tantas estrellas fugaces del rock, la última de ellas Amy Winehouse.

Jim era un fuego ansioso por devorarse a sí mismo, y eso fue lo que ocurrió en 1971. Y ese impulso desproporcionado por la destrucción propia, el apurar cada sorbo de la vida hasta la extenuación, se aprecia con claridad en estas “Canciones”. Pero también un extraño lirismo surrealista y expansivo. Son versos de tipo narrativo en los que se enlazan miles de imágenes y expresiones imposibles, absurdas, obscenas, luminosas, truculentas…

La edición de Espiral es bilingüe y se presentan las letras en inglés y español, veamos alguna:

[…]

And I can tell you

The names of the Kingdom

I can tell you

The things that you know

Listening for a fistful of silence

Climbing valleys into the shade

 

for seven years, i dwelt

in the loose palace of exile

playing strange games with the girls of the island

now, i have come again

to the land of the fair, and the strong, and the wise

brothers and sisters of the pale forest

children of night

who among you will run with the hunt?

now night arrives with her purple legion

Retire now to your tents and to your dreams

Tomorrow we enter the town of my birth

I want to be ready’

(The Celebration of the Lizard)

 

 

Y puedo decirte

Los nombres del Reino

Puedo decirte

Las cosas que sabes

Escuchando un puñado de silencio

Subiendo valles a la sombra

 

Durante siete años he vivido

En el disoluto palacio del exilio

Jugando a extraños juegos

Con las chicas de la isla

Ahora he regresado

A la tierra de los hermosos, los fuertes y los sabios

Hermanos y hermanas del pálido bosque

Oh hijos de la Noche

¿Quién entre vosotros se unirá a la caza?

 

Ahora la Noche llega con su legión purpúrea

Volved ahora a vuestras tiendas y vuestros sueños

Mañana entraremos en la ciudad de mi nacimiento

Quiero estar preparado

(La Celebración del Lagarto, últimos versos)

 

Jim tenía verdadero talento, sus canciones no eran como las de otras bandas, ni los espectáculos en el escenario que elaboraba con Robbie, John y Ray eran comunes. Sentía predilección por lo ancestral, primitivo, la voz profunda de las raíces de la tierra, los indígenas americanos y el salto mágico del chamán to the other side (hacia el otro lado)

Aquí, la canción que más me gusta de los Doors, L.A. Woman. Uno de sus últimos aullidos en la llameante carretera de la vida, más que una canción una especie de himno decadente, brillante y desesperado.

De bonus track, les dejo con unos versos que una vez dediqué a la música extrema y suave de los Doors:

 

Jinetes en la tormenta

Jinetes en la tormenta,

aguijan sus caballos de cuencas vacías;

para que el mundo al fin duerma,

y despierte al tercer día.

 

Jinetes en la tormenta,

buscando en la basura de lo cotidiano,

secretos caminos para abrir las puertas.

Esta noche apocalíptica, moriré en tus brazos,

y mañana el sol nacerá sobre los tejados.

 

Las flores cantando rezan,

esperando que guadañas de luz

sieguen las palabras huecas.

Jinetes en la tormenta.

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17 comentarios en “CANCIONES, JIM MORRISON

  1. Que gran recuerdo! Gracias por analizar este cantante y sus palabras tan impactantes. Aquí te dejo un video de la misma canción, si te fijas, no se quien guía el carro, pero muestra un sentido de violencia y de autodestrucción.

    • Ademas, hay una estrofa que dice así:

      “Girl, you gotta love your man
      Girl, you gotta love your man
      Take him by the hand
      Make him understand
      The world on you depends
      Our life will never end
      Gotta love your man, yeah”

      Parecen ser frustraciones de amor, como suplicios en un siniestro vacío. Ni la mujer pudo salvar esta alma, sin embargo, la idolatra como la única salvadora de su genero masculino.

      • Interesante interpretación, María. La verdad es que estas letras enigmáticas, surreales y simbólicas siempre dan para pensar. Un abrazo y gracias por tu interés en el artículo.

      • Lo del estres post-traumatico de el no lo sabia. Al analizar esta estrofa dirigida hacia la mujer, pienso que pudo haber estado dirigido hacia la Madre Naturaleza, otro arquetipo tipo Jungiano quizas.

      • Es posible. Sabiendo el gusto de Jim por lo simbólico caben varias interpretaciones, seguro. Estoy de acuerdo en que esa mujer a la que se dirige en estos versos es una figura arquetípica. A mí me recuerda a “Queen of the highway”, la protagonista de la canción del mismo nombre. En esa canción se une con una especie de ser mitológico medio tigre medio hombre para dar nacimiento a una nueva raza de americanos. Quizá un símbolo de la juventud libre de los 60 y 70. A la “girl” de “Riders on the storm” le dice “the world on you depends”, el mundo depende de ti. Hay una unión primordial que debe dar lugar a una nueva vida y un mundo nuevo, igual que en la canción Queen of the highway.
        En fin, sólo suposiciones. La verdad es que muchos de los versos de Jim son puras provocaciones y sinsentidos dichos adrede. Pero también bullen ideas, símbolos, intenciones de trasladar un mensaje dionisíaco, apocalíptico y festivo. Muchas gracias por el comentario María, siempre muy aguda en tus pensamientos. Un saludo.

      • Hola María. No puedo asegurarte al 100% que sea Jim el que conduce pero estoy casi seguro. Fíjate que en sus últimos tiempos aumentó de peso y lució una espesa barba. También su voz se resintió por todos los excesos. Escucha una canción de su primer álbum, “Break on through” por ejemplo, y luego “The Changelling” del último disco, LA Woman. La diferencia es tremenda.(De hecho, si no ando errado, la actuación que aparece en el vídeo es muy anterior a la grabación del tema que suena, Riders on the storm, y corresponderá a otra canción).

        En cualquier caso, antes de marcharse de este mundo nos dejó, con sus compañeros, una joya de la música popular como es el citado LA Woman. Nuevamente te agradezco, María, tu participación y energía que engrandecen este pequeño rincón de letras. Un abrazo.

    • Gracias por el enlace al vídeo, María. La verdad es que la destrucción total, el fin del mundo, está muy presente en muchas canciones de los Doors, entre ellas en esta misma, también en The End. En cuanto a la conducta temeraria al volante (del propio Morrison), en el vídeo, es curioso porque uno de los hechos que marcó a Jim en su vida fue presenciar, con cuatro años, un accidente. Varios indios yaquis yacían muertos en la carretera tras estrellarse su auto. Esa escena siempre persiguió al cantante, hasta el punto de que aseguraba, no sé si en serio, que el espíritu de uno de aquellos indios entraba en él y se le aparecía, como si fuera el detonante de su excéntrico comportamiento en el escenario, el interés por el chamanismo, lo ancestral…

      Es un capítulo que forma parte del ocultismo en el rock. No deja de ser llamativo que uno de sus grandes amigos, Alice Cooper, también se dice poseído, en este caso por el espíritu de una bruja. Sin comentarios. En cualquier caso, ambos estuvieron poseídos por el espíritu que habitaba en miles de botellas de whisky, cerveza…

  2. José, mi desconocimiento del grupo The Doors y de la clase de música en sí, me impiden hacerte un comentario, pero tu magnífica descripción de él, así como de sus líricos, me sirvió para aprender algo de “cosas a las que no he estado expuesto”, lo que es muy necesario en la vida, cierto? Además, en tu escrito veo que eres conocedor de la materia. Like, como siempre.

    • Muy amable, Rafa. En realidad no paso de ser un aficionado pasional de la música y la poesía. Y uno se pone y escribe, no sabiendo, de lo que cree saber. Igual que siempre. Pero me alegra pensar que estas leves pinceladas puedan aportar algo. Un gran saludo.

    • Muchas gracias, Mj Beristain. Yo también me he dado una vuelta por tu blog y me ha encantado lo que he visto por allí. Especialmente el artículo dedicado a Miles Davis. Por cierto, creo recordar que el sideral Kind of blue influyó de alguna manera en la música de los Doors. Aunque, en realidad, de un modo u otro, influyó en toda la música posterior. Una vez más te agradezco tu interés en el blog, estaré al tanto de tus nuevas entregas en Apuntes de salitre. Un gran saludo.

    • Muchas gracias a ti por la visita. Muy sugestivo el libro que propones, de todo un poeta. Contaba Leonard Cohen que se dedicó a la canción para ganarse el pan, pero él se sentía más poeta que músico. Buscaremos ese libro porque seguro que merece la pena. Un gran saludo, Pedro.

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