EL MUNDO BAJO LOS PÁRPADOS, JACOBO SIRUELA

El mundo bajo los párpados

Jacobo Siruela no sólo es un editor de gusto refinado, al alimón con su pareja Inka Martí; en este libro también demuestra ser un escritor competente, y no le resulta difícil contagiar su entusiasmo por los sueños y el misterio que custodian.

Para ello, para compartir esa fascinación, traza un itinerario de lo más sugerente que comienza con soñadores ilustres (no porque fueran románticos sino por el brillo de su fama y lo curioso de sus sueños) como Aníbal, la santa mártir Perpetua, Descartes, Lincoln, Von Bismarck, George Patton… Siruela ensaya en ese primer capítulo una historia de lo onírico hasta el momento inexplorada por el academicismo. Por cierto, Inka Martí ha escrito un interesante diario de sueños del que quizá hablemos otro día.

Mati Klarwein

El segundo capítulo nace del interés del autor por la “incubación” de sueños en la Antigüedad. Interés que, sospechamos, comenzó (o aumentó) cuando se ocupó en editar En los oscuros lugares del saber, de Peter Kingsley. Obra magna que tuvimos ocasión de comentar por estos lares. Incubar sueños consistía en pasar una noche (o varias) en soledad en una cueva o templo consagrado a Apolo, Asclepio u otra divinidad relacionada con la sanación para tener un sueño inspirador, ser curado de alguna enfermedad o recibir un consejo importante. En aquella época los sueños, lejos de considerarse como inciertas ilusiones nocturnas se tomaban muy en serio.

Aunque los que se aventuraban a enfrentarse con la oscuridad y su propio misterio interior en aquellas cuevas no sólo tenían sueños. Los antiguos, según refiere Kingsley en el libro citado, aluden a experiencias que no eran de sueño ni de vigilia sino de un estado intermedio. Los chamanes saben a qué se referían, también los místicos.

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La siguiente parada en este viaje por los campos y andurriales de Hipnos conduce a una breve historia del sueño lúcido. Es posible que hayan oído hablar de los sueños lúcidos, pues ha sido un tema con cierta popularidad en diversas ocasiones. Incluso puede que hayan tenido alguno. Este que escribe ha experimentado varios, aunque ninguno fue espectacular ni me trajo la prosperidad ni la realización personal. En algún caso conseguí modificar levemente el escenario y la película del sueño como aconsejaba Castaneda y otros psiconautas y buzos del sueño reales o fingidos.

Pero mi exploración de esos parajes terminó pronto; convencido, como Jodorowsky, de que por algo soñamos como lo hacemos, sin lucidez, o, dicho de otro modo, sin consciencia plena de ello. Así que mejor no meneallo.

Aunque la dilatada experiencia del chileno como soñador lúcido le proporcionó sabios consejos para la vida cotidiana que merecen comentarse. Por ejemplo, después de haber sido acosado por temibles monstruos en recurrentes pesadillas plantaba cara a su agresor. Y el monstruo se transformaba en algo benéfico y bello. La lección: enfréntate a tu miedo y el temor desaparecerá.

En otros de esos sueños lúcidos se encontró con enseñanzas morales. Si se aprovechaba de esa lucidez y capacidad para manipular lo soñado para enriquecerse o conseguir bienes materiales perdía rápidamente la lucidez y se hundía en el sopor. Pero cuando usaba sus dotes “mágicas” para modificar el sueño en aras del bienestar de otras personas se mantenía lúcido en el sueño y sentía un gran bienestar. En sus últimos experimentos, Jodorowsky simplemente observaba lo que iba sucediendo en sus sueños sin intervenir, aceptando lo que viniera. Y con esa no-acción tan zen y taoísta llegó a la madurez de su aprendizaje onírico (el no-actuar va muchísimo más lejos de la simple inacción, pasividad, etc. pero lo vamos a dejar ahí para no enredarnos).

En el cuarto capítulo del Mundo bajo los párpados se trata un asunto como la relación entre el tiempo y los sueños. Alfred Maury sentó en el siglo XIX una opinión que se mantuvo durante más de un siglo: los sueños transcurren a una velocidad muy superior a la real, fundiéndose multitud de escenas en un instante. Llegó a semejante conclusión después de este sueño. Era el París revolucionario de 1789, y el desventurado soñador se veía a sí mismo detenido, encarcelado y posteriormente decapitado en la guillotina. Al despertar agitado por tan cruel desenlace comprobó con sorpresa que un barrote del cabecero de su cama había caído golpeándole el cuello. Con lo cual dedujo que a partir de ese hecho físico su mente había compuesto un conjunto de secuencias imaginarias que referían de forma simbólica al accidente real. El sueño no habría durado, desde este punto de vista, más que un instante.

No obstante, en los años 60 del siglo pasado los avances en el estudio científico de los sueños descubrieron la célebre fase REM (Rapid Eye Movement) que mueve nuestros ojos a toda velocidad y, de paso, da nombre a un grupo de rock. Este hallazgo demostró que los sueños transcurren a una velocidad comparable a los hechos de la vigilia, pues se trata de una fase larga. Sin embargo, Jacobo Siruela replica a unas y otras razones, con notable sensatez, que los sueños, así como los pensamientos y cualquier actividad mental, tienen sus propias leyes ajenas al tiempo. No se pueden mensurar de forma espacial ni temporal.

Una breve reflexión nos muestra que, en efecto, los sueños no siguen patrones narrativos ordenados con introducción, nudo y desenlace, sino que suelen mezclarlos, de manera que los efectos pueden preceder a sus causas. Y no digamos el espacio onírico, que es absolutamente maleable, caprichoso, rico en formas y escenas cambiantes. Son aspectos que supo ver ya Sigmund Freud (cómo no, invitado recurrente en las páginas de este libro).

 

Ese carácter especial del espacio y el tiempo en lo soñado es bien conocido y aceptado. Pero no ocurre lo mismo con un rostro inquietante de esa maleabilidad que afecta (¿afecta?) al mundo real: los sueños premonitorios.

A lo largo de la historia se han ido reuniendo especímenes oníricos de ese tipo para asombro de los crédulos y chanza de los escépticos. Es un motivo popular, y más de uno hemos tenido sueños que pueden interpretarse así o hemos oído el relato de familiares, amigos o conocidos acerca de cosas parecidas. Resulta inquietante un sueño que Abraham Lincoln tuvo poco antes de que lo asesinaran en aquel teatro un 15 de abril de 1865. Estaba en su casa y oía llantos. Después de buscar por varias estancias descubrió un ataúd en una de ellas con un cadáver en su interior con el rostro cubierto por un pañuelo blanco. Al preguntar por su identidad a un hombre que había frente a él, este le respondió:  “El Presidente, lo han asesinado”. No agregamos ni quitamos opinión alguna a este extraño género de revelaciones nocturnas o casualidades que, eso sí, han inducido a algunas personas a no subir al avión o barco previsto que, mira por dónde, terminó estrellándose o hundiéndose.

El quinto y último capítulo del libro está dedicado a los sueños y su relación simbólica con la muerte. En la mitología griega ya se mostraba con claridad esa relación pues Hipnos (personificación del sueño) y Thanatos (la muerte) eran hermanos.

“Sola una cosa tiene mala el sueño, según he oído decir, y es que se parece a la muerte, pues de un dormido a un muerto hay muy poca diferencia”. Esto le comenta Sancho a Don Quijote, como nos recuerda, oportuno, Jacobo Siruela. Y esto basta para angustiarnos y hacernos reflexionar. Continuando con las referencias literarias es inevitable acordarse de Calderon: “Porque toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”. Y me vienen al recuerdo también estos versos de Machado:

 

Era un niño que soñaba

Un caballo de cartón.

Abrió los ojos el niño

y el caballito no vio.

Con un caballito blanco

el niño volvió a soñar;

y por la crin lo cogía…

¡Ahora no te escaparás!

Apenas lo hubo cogido,

el niño se despertó.

Tenía el puño cerrado.

¡El caballito voló!

Quedóse el niño muy serio

pensando que no es verdad

un caballito soñado.

Y ya no volvió a soñar.

Pero el niño se hizo mozo

y el mozo tuvo un amor,

y a su amada le decía:

¿Tú eres de verdad o no?

Cuando el mozo se hizo viejo

pensaba: Todo es soñar,

el caballito soñado

y el caballo de verdad.

Y cuando vino la muerte,

el viejo a su corazón

pregunta: ¿Tú eres sueño?

¡Quién sabe si despertó!

 

Después de estas razones, surgidas en línea paralela y secante del libro que nos ocupa, ¿qué pensar de los sueños? ¿Son tan importantes, o más bien secundarios, nebulosos y sin sustancia?

El filósofo Antonio Escohotado, poco dado a misticismos, destierra los sueños al cuarto trastero por su carácter borroso y ambiguo, tan diferente de la infinita gama de pormenores y detalles que exhibe lo real.

Por otro lado, si le preguntáramos a Jüng, buscaría en cada uno de nuestros sueños referencias arcanas conectadas con los arquetipos del Inconsciente Colectivo (lo que los estoicos llamaban Spiritus mundi, y, a un nivel inferior, Ánima mundi).

Decido irme, provisionalmente, por la vía del medio. Los aborígenes australianos sostenían (y lo seguirán haciendo si no han sido fatalmente engullidos por la mentalidad occidental) que existen “pequeños sueños” y “grandes sueños”. Los primeros son los comunes, relacionados con las cosas cotidianas; casi todos los que tenemos cada noche.  Y los otros… ¡Quién sabe qué serán los otros!

Ayahuasca-Dream

 

 

 

 

 

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15 comentarios en “EL MUNDO BAJO LOS PÁRPADOS, JACOBO SIRUELA

  1. Hermosa reseña en la que no sólo incitas a la lectura del texto de Siruela, sino que además la aderezas con deliciosas cita a Machado y puntuales referencias, en este caso, a intérpretes e interperetaciones oníricas.

    Excelente publicación, Pepe, una vez más. Te mando un fuerte y grande abrazo.

  2. Hola querido José,
    Excelente reseña sobre este libro de Siruela (Con S!)…
    El principio de tu post es absolutamente cautivante… me pareció internarme en un paraje onírico. Celebro tu prosa, amigo… Un gusto leer sobre lo que lees! 😉
    Abrazo grande. Aquileana ⭐

    • El mérito es de El mundo bajo los párpados. Después de leerlo el misterio de los sueños se le queda a uno adherido y es difícil desembarazarse de él. Me agrada mucho que te interesara la reseña. Gracias por venir, Aquileana, abrazos.

  3. Vaya hasta que alguien habla de este tema que me apasiona, mi aventura con los sueño lúcidos comenzó con un amigo que me hablo de la tensegridad y Carlos Castaneda y después vi una película llamada “el origen”protagonizada por Dicaprio donde hablan de lo onirico y como influyen nuestras emociones, inconsciente y subconsciente y de ahí en adelante he tenido alrededor de 7u 8 sueños lúcidos los cuales me dejan con ganas de más, pero pues es todo un misterio este tema que por lo que he visto en sitios de Facebook sobre sueños lúcidos ahora ya está más abierto el tema pues hablan de libros y técnicas

    • El tema de los sueños lúcidos lleva muchos años explorándose. En el mismo El mundo bajo los párpados se habla incluso de una especie de antifaz con un dispositivo para activar ese tipo de sueños que se comercializaba en los años 70 (aunque no creo que fuera muy saludable). Por mi experiencia, no muy extensa en ese campo, es importante prestar atención a todos los sueños que recordemos (a ser posible llevar un diario) y tener una intención clara durante el día de querer tener uno de esos sueños, es decir, tener una actitud de escucha general al mundo de los sueños. Muchas gracias por tu interés en esta entrada y en e blog, Malvadoego. Un saludo.

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