CUADERNO AMARILLO, SALVADOR PÁNIKER

Cuaderno Amarillo

“[…] por la vía del asombro, lo sagrado vive” (Cuaderno Amarillo, página 12)

 

Desde la portada, nos observa el omniabarcante rostro de Pániker. Es oportuno que así sea, pues se trata de un libro de memorias, un diario que recoge pensamientos, sensaciones y atisbos suyos. Nos contempla su mirada profunda, un poco triste, quizá anhelante, capaz de ver más allá de las convenciones del lenguaje y los recovecos del ego.

Digamos de Salvador Pániker, para no caer en el consabido tópico que a continuación vendrá, que es melómano, filósofo escéptico, y místico. Ahora sí, consigno que es hijo de padre hindú y madre catalana, y espíritu cosmopolita, abierto. Es ingeniero, filósofo, editor (fundador de Kairós), y escritor, claro. Sin embargo, su arte de “mantenerse en pie”, como le gusta decir, consiste en desidentificarse de todas esas máscaras. Aunque para distanciarse de sí lo haga escribiendo, filosofando. Ante todo, aunque no figure en su currículum, es un místico. Pero su forma de ver la mística está muy lejos de la que tuvieran Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Rumi… o tal vez no.

Su mística no parte de la fe sino de llevar el pensamiento racional hasta su límite, allá donde pierde pie en el misterio de lo cotidiano. Su mística arranca de un denominador común observado en los buscadores de cada tradición: superar el ego. Se deja guiar en esto por la opinión de Jüng, sostenida también por el taoísmo, y comenta: “en la primera etapa de tu vida has de crearte un ego fuerte para que no se te cuele el vecino y, en la segunda mitad, has de deshacerte del ego y tender hacia el desapego”.

Si no hay un ego que se queje por su desaparición, por los problemas y sinsabores de la vida, todo es vida, incluso la muerte. Y en ese vacío sin forma que late en el silencio, después de escuchar a Bach, Chopin o Miles Davis, caben todos los sones, todas las vidas, todas las enrevesadas notas de esta extraña sinfonía que es el vivir.

Pero bueno, ya me he puesto trascendente antes de hora. No sólo aborda esas honduras Pániker en su diario. Como tal diario, recoge infinidad de pormenores, como vida social, música escuchada en un momento dado (los compositores antes mencionados figuran en la nómina). Por las páginas del libro se bate en retirada un amor que se va, y se va formando, ante el cómplice lector, una nueva relación que surge con otra mujer, con las iniciales J X (mujer misteriosa para el lector, y también para Pániker, por diferentes razones). Un amor tan sincopado, mágico, improbable, trascendente, como la música del filósofo, y su propia escritura, aún a despecho suyo (en lo de trascendente y mágica). Asistimos también al dolor del escritor por la vida de su hija que se marchita.

Y van surgiendo, en abigarrada red, en resonancias insospechadas, miles de reflexiones de lúcida agudeza sobre religión, literatura, filosofía, política, ciencia… Todo tocado con el velo precario y, a la larga polvoriento, del instante (¿qué tiene que ver con nosotros ahora el 24 de marzo de 1993?). Pero el aprendizaje que se obtiene, la lucidez que emite cada frase, no ha perdido ni un ápice de vigencia. No porque sea intemporal (palabra tan usada en las reseñas de música de los suplementos culturales), sino precisamente por ser, cada reflexión, comentario, vivencia, muy temporal. Tan temporal que sirve para cualquier tiempo. Por ejemplo:

“Proclamo aquí que el tono y el timbre de las campañas electorales exceden a mi capacidad de aguante; más exactamente, me producen náusea. Yo propondría que la gente votase al candidato que menos insulte al adversario. La sociedad está harta de tanta demagogia […]”. Página 81.

Yo también propondría tan digna recomendación, lo que ocurre es que sería vana. Todos los candidatos insultan. Todos los políticos (o casi) mienten, olvidémonos de ellos.

En un mismo párrafo, con la soltura de lo que él llama “mi dispersión mental”, nos habla de micropartículas de la física, mística, economía, o teoría de la información. Al fin y al cabo, distintas danzas y reflejos en el agua de una misma realidad de millones de caras, facetas, impulsos, y sentidos. Los sentidos que nosotros ponemos con nuestra mirada a la hora de mirar.

Y todas estas reflexiones atravesadas por su más feliz hallazgo filosófico: el concepto de lo retroprogresivo. El pensador catalán descree de un progreso lineal, desarraigado, hipertrofiado. Propone que miremos al futuro, a los novísimos avances de la ciencia y la técnica. Y, sin despegarnos de ese continuo avance, volvamos los ojos, también, al Origen. Entendido éste como el fondo misterioso, inasible, finalmente incomprensible, del que surgen todas las cosas. Lo “místico”, si se quiere. “Que el mundo exista”, decía Wittgenstein, “eso es lo místico”. Y Pániker firma su aserto letra por letra.

Las religiones, en cambio, no son de su agrado (si acaso el budismo, por su menor dependencia de dogmas). Es conocida su larga militancia en favor de la eutanasia. Que con su llamada a la experiencia interior más que a la fe, constituyen sus dos clásicos dardos al cristianismo. No obstante, se considera cercano a la figura de Jesucristo como dios sufriente, dios humano que sufre con nosotros. Encaja en su visión de la divinidad como trascendencia inmanente; divinidad inventada del fugaz, irrecuperable, luminoso y cruel, momento presente. Lo único real para él:

“[…] me siento particularmente a gusto con el género diario porque así levanto acta de lo único que, en mí, roza lo real: el momento presente” (página 78).

Una vez más, volvemos a la superación del ego. Si uno no se identifica con su ego, con nombre y apellidos, dni, historia personal, sino con algo que lo supera (Dios, naturaleza, universo, vida…) la angustia por la muerte desaparece. Si no hay nadie por ella incumbido, deja de incumbir. Claro está. Si uno se limita a vivir el instante, el ahora (siempre es ahora), se esfuma la trampa de los miedos, las vanidades, las máscaras ante los demás y uno mismo… Y el último momento me atrapa, como decían los versos de Machado, “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”. El último momento, que es el primero, es decir, este mismo. Cualquier presente es un iniciarse y una despedida. Termino con otro párrafo del libro:

“Cuando vayas a contar/glosar alguna cosa, algún suceso, no trates de ser objetivo ni lineal; lo eficaz, el mejor camino, es plegar el tema a tu mood, a tus recursos, a tu psique, a tu aire, no a la inversa”. (Página 307).

Es lo que trato de hacer por estos caminos cibernéticos, maestro. Convencido de que uno no puede ser más que subjetivo, aun valorando el esfuerzo de quien trata de acercarse a la objetividad. También yo lo intento, a veces.

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9 comentarios en “CUADERNO AMARILLO, SALVADOR PÁNIKER

  1. Excelente presentación de Paniker y su libro, querido José… no es casual que existan puntos de convergencia en lo que se refiere a líneas de pensamiento y en cierto punto premisas de diversas religiones- claro, toda religión supone, en mayor o menor grado, cierta sistematización de principios, ideales, valores… hasta dogmas- … pues lo mismo sucede con las mimetización o amalgama cultural… Y esta última también esta presente en la genealogía del autor…
    Me pareció rico y de gran valor, desde el punto de vista humanista el libro que presentás en este post…. Las ideas relativas al `yo´, en tus palabras, el objetivo de superar el ego es un claro ejemplo de lo que anteriormente enunciaba como apreciación personal.
    También me parece muy coherente que hayas leído hace poco Hesse.. Pareciera que sigues una línea de lectura en lo que se refiera a la temática, no al género… aunque quizás sea una coincidencia,vos me dirás … 😀
    Gracias por compartir, amigo… un abrazo y muy buen fin de semana. Aquileana 😉

    • Gracias por los elogios, y por tus siempre atinadas ponderaciones, Aquileana. Salvador Pániker decide quedarse con lo que es, para él, la crema de las religiones, la llamada a un misterio que nos supera. Y canaliza esa fascinación, ese asombro, tratando de ir más allá del pequeño yo, como hicieron místicos e iniciados de todas las épocas. Entre ellos Hesse, efectivamente. Reconozco mi admiración por el modo de “ver” del escritor alemán, que como Pániker y tantos otros no se contenta con la superficie del lago. Quieren, todos ellos, adentrarse en las aguas, en lo profundo, aunque no topen más que con un vacío. Pero si ese vacío es el “wu wei” de los taoístas, el vacío fértil, sin límites… (Algo sabes tú de eso, porque nos recuerdas siempre que “el mundo visible es sólo un pretexto”)
      Los dos libros comentados por aquí, son relecturas. Cuaderno Amarillo lo leí por primera vez hace más de diez años. Y, pese a que no estoy de acuerdo con todo lo que dice (huelga comentarlo), sigue siendo una inspiración para afrontar estos momentos de fugacidad, confusión, y oportunidades inimaginables.
      Un gran abrazo, Aquileana, siempre tan querida por aquí, que disfrutes el fin de semana también.

      • Gracias por la interesante información y por abrir el diálogo… Un gusto leerte, querido José… Buen fin de semana y abrazos para vos. Aquileana 😀

  2. Comparto su poco gusto por las religiones.. Fabulosa entrada, José.. Siempre ayudando a instruirnos un poco más con tu sapiencia literaria 😀 .. Abrazos de luz

    • Gracias, Mamen. En los versos que disfrutamos en tu blog se aprecian dos, entre otras, cualidades de lo religioso: veneración del misterio, y celebración amorosa de la vida. Sin esos dos ingredientes no hay religión que me interese. Creo que todas las tradiciones religiosas guardan esos brillos en su interior, sepultados bajo muchas capas de moralina y política.
      Un gran abrazo, Mamen, y gracias por venir.

      • Sabes lo que pasa, José, que las religiones creadas por hombres no me infunden confianza porque siempre traen consigo el miedo para manipular al ser humano.. El amor no entiende de miedos pues da seguridad, ayuda y cobijo al que tiene dolor y se siente triste… 🙂 .. Gracias a ti por tus palabras, siempre… Abrazos infinitos de luz

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