EL HEREJE, MIGUEL DELIBES

 

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Supe de este libro poco después de que se publicara, en 1998. La profesora de filosofía en aquel último curso del bachillerato nos lo dio a elegir junto con Juliano el Apóstata, de Gore Vidal, y Juan de Mairena, de Machado; para realizar un trabajo de uno de los tres. En principio mis preferencias iban por los dos herejes, empezando por Juliano, pero la enorme tardanza de la librería en traer los ejemplares me decantó por el ensayo de Machado. La complejidad conceptual del libro (si lo comparamos con los otros, que son novelas) y el poco tiempo que dediqué al trabajo dio como fruto lo esperado: un churro.

El libro de Delibes me llegó a toro pasado, pero la buena opinión de él compartida por varios compañeros me llevó a comprarlo. Apenas hacía un año que me había confirmado en la fe cristiana, pero todo andaba revuelto en mi interior. Siempre me había hecho muchas preguntas más o menos profundas. Y desde que descubrí la filosofía, en primero de bachillerato, justo en ese curso, la ciencia, y en particular las teorías de Darwin, parecía extinguir, con su rutilante estela, toda necesidad de la fe, y la religión en general, para explicar por qué estamos aquí. O al menos así es como planteó el asunto el redomado ateo que era nuestro simpático y carismático profesor. En aquella época aún no sabía nada de Teilhard de Chardin. Y también estaban por llegar, antes de eso, mis inclinaciones deístas y mi humanismo cristiano agnóstico bastante influenciado por Feuerbach, Bloch…

A Cipriano Salcedo, protagonista de la novela, lo conoce el lector desde los prolegómenos de su difícil nacimiento, en el que muere la madre. Asistimos a sus primeros pasos en el Valladolid de principios del siglo XVI; a la triste infancia marcada por el rechazo del padre, el refugio en el amor de su vida, su nodriza Minervina. En medio de la dureza del mundo externo, a la intemperie, Cipriano va conectando con su fuerza, resistencia interna. Y la siente como nacida de la fuerza divina, del amor divino, al que siempre ofrendará su confianza, su fe. Llevándolo como candil interno cuya luz ilumina y reconforta. Así será hasta el final, hasta el terrible final.

Esa fuerza interna del protagonista se traduce en amor propio, tesón, frugalidad, espíritu emprendedor, laboriosidad… En un panorama patrio, los primeros años del Imperio, lleno a rebosar de sujetos que huyen de una forma u otra del trabajo, el afán de superación de Cipriano destaca, prospera. Con su afamado “zamarro” de lana, que se vende como rosquillas. Las cosas van bien.

Pero, como es sabido, hace falta más. Cuando las necesidades materiales están cubiertas otros apremios surgen, como bien mostró Maslow. Cada uno los aborda como puede o quiere. Y el exitoso comerciante textil, que siempre ha tenido una especial, y personal, relación con Dios echa de menos eso en su práctica religiosa. Más libertad, una renovación ética de la Iglesia… Soplan entonces los vientos de cambio del protestantismo. Que prometen precisamente, renovación, limpieza de corruptelas eclesiásticas… y una relación más estrecha y libre con las Escrituras y quien las inspiró. Además, el carácter trabajador y emprendedor de Cipriano encaja como un guante en la mentalidad protestante. Podría pasar como ciudadano de Roterdam, o Hamburgo, tanto como de Valladolid (sin prejuicio de que esta ciudad exultara de actividad comercial, y comerciantes). Y se une a la causa protestante con el afán de encauzar sus inquietudes espirituales.

La capital de Castilla lo será también del Imperio, erigiéndose en una de las principales del mismo desde los ángulos político, judicial y económico. No estamos hablando de cualquier cosa. Pero Valladolid, como el resto de España, es mal lugar para ser protestante porque el emperador no va a tolerar disenso religioso en sus territorios. De manera que a los conventículos afectos a ese movimiento, desde erasmistas a luteranos, les corre mal aire. No precisamente vientos de cambio sino de represión del hereje.

Cipriano, que es persona de bien, y no pretende atacar ni ofender a nadie sino tener el derecho a pensar y sentir como quiera, va a notar en la nuca el aliento de los cazadores de herejes. Hasta que el peor de los desenlaces se hace inevitable. Con pocos libros he llorado más que con este, con pocos libros he detestado más a la Iglesia, aunque la Iglesia la administran personas y las personas se equivocan. Con bastante frecuencia. Años más tarde hice las paces con la Santa Madre, pero ese es otro tema.

Pensando en la vida y final del protagonista narrados en la novela, en sus afanes, fuerza, dignidad… voy a terminar con un par de párrafos que escribí por aquí hablando de otro libro (Historia de dos ciudades). Autocitarse no es lo más elegante del mundo, pero creo que viene a cuento:

“Cuando la Historia se presenta con toda su potencia telúrica, y cambian los cimientos del mundo, como sucedió en la Revolución Francesa, las personas son poco más que hormiguitas barridas por el viento. Algunas de ellas se dejan llevar dóciles en su papel de víctima propiciatoria, o demonio ejecutor, convencidas de que nada pueden hacer contra la ferocidad de los acontecimientos.

Otras personas, pocas, saben también del peso de las circunstancias,  y de lo efímero y quizá inane de sus actos. Pero, amigos míos, esas personas aguantan de pie, cara a cara con el viento de la Historia, y defienden su despreciable y humilde vida, o la ajena, con el mismo empeño rutinario con que un obrero ficha para trabajar o un empresario vela por su negocio”.

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9 comentarios en “EL HEREJE, MIGUEL DELIBES

  1. Una magnifica novela. Para siempre vinculada a Miguel Delibes. Lo recuerdo con cariño paseando por el Campo Grande, precisamente el lugar del crematorio. La historia además la estudié unos años antes, de ahí que el libro me gustara en su enfoque. Buena entrada y buen comentario. Se echan de menos cuando faltan

    • Muchas gracias, Antonio. Coincido en que es una gran novela. Con un admirable estudio psicológico de los personajes, descripciones precisas, un retablo bastante informativo de la época… y un tono entrañable, emocionante, del que es imposible escapar. Gracias por el comentario, un gran abrazo.

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