HISTORIA GENERAL DE LAS DROGAS, ANTONIO ESCOHOTADO

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Decía aquella tragedia de Lorca: “a la muerte hay que mirarla cara a cara”. También a la vida. No porque decidamos dar la espalda a un problema tal problema desaparece.

Y eso es lo que hace la monumental obra de Escohotado (en general, no sólo este libro), mirar el tema de las drogas de frente, sin escapismos, ideas preconcebidas ni dogmas. Y lo primero que uno descubre al leer este libro excepcional es una idea que sirve también de colofón y resumen: a lo largo de la historia nunca hubo problemas con las sustancias, precisamente hasta que se prohibieron.

Por poner un ejemplo, en los últimos años de la dictadura franquista los opiáceos, en particular la heroína, no estaban prohibidos. Ni prohibidos ni legalizados, simplemente se usaban. Para fines sanitarios. Los únicos adictos a la heroína a principios de los setenta eran médicos, enfermeras y monjas dedicadas también a la asistencia de enfermos. Más que adictos podríamos decir habituados porque no tenían problemas con esa droga.

Otro tanto se puede decir de las anfetaminas. Mientras fueron legales en España iban a comprarlas a las farmacias sobre todo estudiantes con la intención de robarle horas al sueño para preparar sus exámenes. Justo en la misma época, en Estados Unidos, las anfetas eran ilegales. Y allí la juventud las consumía con un desenfreno suicida, no para estudiar sino para romper el tabú, acelerar el ritmo de la fiesta. Una fiesta sacrificial donde las víctimas propiciatorias eran “stoned immaculate” como decía la canción de Jim Morrison, es decir, colgados impecables.

Con el horizonte de la grisura de una sociedad burguesa satisfecha de sí misma, pacata, mojigata, la juventud yanqui se entregó al desafío de la autoridad como rito de paso; recuperación de los iniciáticos pasos perdidos en la niebla del misterio, allende las fronteras de lo sabido, hollado. Y por todo el mundo se extendió tal proceder, al mismo tiempo que se extendía la prohibición que, por supuesto, partió de Estados Unidos. Con su recién estrenado poder de superpotencia coaccionó a decenas de países para que declararan proscritas y diabólicas sustancias como el opio que hasta el romano más pobre tenía en su alacena para combatir la tos o el dolor de huesos.

Quizá resulte ilustrativo recordar que los paladines de la Cruzada antidrogas que partió, como hemos dicho, de Yanquilandia, fueron un abogado alcohólico y una asociación de beatas fundamentalistas e intransigentes con las formas ajenas de emplear el tiempo libre. En breve, personas con un miedo cerval a la profundidad de sus deseos. Que se creyeron con la autoridad moral suficiente como para proteger a los demás de sí mismos. Y esa actitud se corresponde con la que tuvieron sucesivos epígonos aquí y allá.

Ya en el siglo V AD Eurípides nos muestra en sus Bacantes como lo reprimido retorna con brío destructivo y terrible, en una obra freudiana avant la lettre. El dios del vino, Dionisos, (que representa al vino mismo, con su poder desinhibidor), es capturado, reprimido. Pero no resulta más que una ilusión engañosa para el ingenuo rey Penteo, pues no se puede reprimir ni disfrazar la naturaleza por mucho tiempo. Y el rey homicida, que quiere exterminar a las lujuriosas bacantes poseídas por Dionisos, acaba sufriendo su venganza. Cuántas muertes por sobredosis, envenenamiento, cuántos asesinatos, crímenes, habrá producido la Prohibición. Al Capone se hizo rico a costa de la Ley Seca, y los más actuales narcos latinoamericanos dejan en insignificante anécdota la actividad criminal del conocido mafioso y multiplican la fortuna que alcanzó este.

No hay soluciones fáciles para casi nada pero el conocimiento, la ilustración, la información liberan y disipan nublados. ¿Cómo sabré si puedo atreverme a usar esta droga o la otra, o directamente ninguna? Depende de cómo actúa cada una, de la dosis, pero, antes que cualquier otra cosa, depende de ti. De tu temperamento, neurosis o ausencia de ella, moderación o tendencia al desparrame… Conócete.

“Conócete a ti mismo”. Aquellas palabras grabadas en el templo de Apolo en Delfos no sólo son un eslogan o reclamo para mil mercachifles de la Nueva Era. También son un imperativo moral. Veamos la inscripción completa:

 

Te advierto, quien quiera que fueres; ¡Oh tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza! Que si no hayas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si ignoras las excelencias que hay en tu propia casa, cómo pretendes encontrar las de fuera. En ti se haya escondido el Tesoro de los Tesoros. Conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses.

 

Se podría apostillar: “Si no te conoces a ti mismo tus demonios se harán fuertes en tu interior y te asaltarán”. Es posible y legítimo vivir sin drogas, sin aventura, sin conocimiento. Pero vivir sin saber quién es uno resulta un mal negocio.

La historia de las drogas es la historia del ser humano. De su amor y desamor por la naturaleza, que es como decir por sí mismo. La narración de sus afanes por saber, sus miedos, persecuciones del extraño otro…

 

[Felicitaciones a mi admirado maestro Antonio Escohotado por culminar su magna obra llamada Los enemigos del comercio. Vaya mi agradecimiento por su esfuerzo, perspicacia y lucidez. Llegó el tercer volumen que, lejos de ser un punto de llegada, es, o debería ser, un punto de arranque para investigaciones, estudios, debates, diálogos… Estamos necesitados de inteligencia activa.]

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6 comentarios en “HISTORIA GENERAL DE LAS DROGAS, ANTONIO ESCOHOTADO

  1. Soy de la opinión que todo lo prohibido atrae mucho más que lo que es permitido… Las cosas usadas de forma controlada y sin excesos no tienen por qué ser nocivas.. Si prohíben es porque saben que la gente acudirá en masa a por ello aunque sólo sea por curiosidad y eso genera dinero, que al fin y al cabo es de lo que se nutre nuestra sociedad… Interesantísima tu entrada y la reseña del libro, amigo José, como siempre 🙂 .. Abrazos de luz

    • Estoy de acuerdo con tu reflexión, Mamen. Lo prohibido es un cebo irresistible. De hecho, los jóvenes no suelen drogarse con las pastillas para dormir de sus padres u otras drogas permitidas, porque son aburridas medicinas. Buscan lo ilegal, que es el reto fuerte. Con la excepción del alcohol, que es legal y lo consumen de forma masiva.
      Y, sí, desde luego que hay un negocio gigantesco montado sobre la prohibición, y muchos miserables que viven a costa de ella. Muchas gracias por tus amables palabras, Mamen, un fuerte abrazo.

  2. Qué buen libro y presentación del mismo, querido José… Has leído “Confesiones de un comedor de opio inglés” (“Confessions of an English Opium-Eater”)?… es una lectura interesante… parece ser que hasta al propio Borges le gustaba mucho este autor…. En fin, la diversidad siempre suman, al menos cuando se trata de un escritor racional y erudito como Borges…
    Me ha encantado la reseña… gracias por compartir … Lo mejor en 2017 para vos. 😀

    • Gracias, Aquileana. Pues la verdad es que conozco el libro del que hablas precisamente por la referencia que hace Escohotado en su Historia de las drogas. Al parecer De Quincey visitó profundos infiernos en su forcejeo con el opio. Aunque no olvidaba tampoco los momentos gratos e inspiradores que le aportó. Acabo de leer tu estupendo post sobre Borges, ya que lo mencionas, y me han dado ganas de dedicarle también una entrada pronto. El sabio argentino no se merece menos.
      Igual te digo, que el 2017 sea un año muy provechoso y aporte alegría y grandes momentos. Enorme abrazo.

    • ¡Feliz 2017 también para ti, Ale! Muchas gracias. Echo de menos algo más de tiempo para visitar tu magnífica bitácora y la de otros amigos blogueros. Pero, en fin, como verás ni siquiera me prodigo demasiado con mi blog. Gracias por venir y un abrazo.

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