Las artimañas de la inteligencia

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Atenea nació de la cabeza de Zeus, su padre. Si tenemos alguna familiaridad con los mitos griegos, hemos oído hablar de esa historia. Lo que se menciona menos es que Zeus, antes de parir cranealmente a su sabia hija, se había zampado a Metis, su esposa. En plena epidemia de violencia machista y doméstica evocar esto puede encrespar sensibilidades, pero aguarden, estamos hablando de un mito. Y la única mirada aprovechable aquí es la simbólica, no la literal. Se nos olvida a menudo que los mitos, como los sueños, son un alfabeto de imágenes que nos hablan de un modo distinto al ordinario. En este caso Metis personifica un concepto muy amplio y rico, muy difícil de traducir:

astucia, prudencia avisada, habilidad, seducción, viveza, doblez, maña,  gramática parda…

Y Zeus, consciente de que le falta ese ingrediente en su arsenal se traga la astucia y la incorpora en su ser para vencer a los titanes. De manera que Metis sigue viviendo en Zeus, es Zeus en cierto sentido.

Ese es un caso de incorporación, veamos uno de separación que es análogo a este a pesar de su aparente diferencia: el de Adán y Eva. Se nos dice que Dios modeló a Eva a partir de una costilla de Adán. Esto, aparte de ser poco elegante como mito, (“¡qué machista!”, puede decirse) nos invita nuevamente a mirar un poco más lejos para comprender. Lo que nos está indicando el mito bíblico es que Adán tiene algo de femenino, pues de él sale Eva, y que su consorte tiene algo de masculino. Lo que en terminología alquímica es el Rebis, el Andrógino de Platón, la fusión del yin y el yang, la unión de los complementarios en el mismo ser.

Volvemos a la metis, ya como tipo de inteligencia presente en la cultura helénica antigua y eje del libro que hoy comento. Su papel es muy importante, impregna los mitos, las obras fundacionales (recuérdese la artería de Ulises), las fábulas de Esopo, las trampas de caza y, en correlación, el comportamiento sagaz observado en muchos animales por los griegos. En todas esas facetas y caras del mismo fenómeno subyace un tipo de conducta peculiar:

la atención extrema, observación, flexibilidad ante las circunstancias para mejor aprovecharlas, ingenio, creatividad…

Por supuesto, no sólo encontramos esas artes “méticas” en los antiguos griegos. La Biblia está llena de relatos parejos: el triunfo de David sobre Goliath, el ardid de Dalila contra Sansón, el de Judith sobre Holofernes, Jacob comprando la primogenitura por un plato de lentejas… Por aquí asoma la picaresca, que no es más que una de las muchas caras con que se muestra (u oculta) la metis. Muchos judíos, como los griegos o los fenicios, eran comerciantes, habituados a la astucia, el engaño, y las artes de la facundia.

Sin embargo, pese a esa relevancia la metis es un tipo de inteligencia que se ve relegada, ocultada, menospreciada. Platón criticaba esa capacidad, desterrándola de su filosofía, y, a cambio, entronizaba la razón discursiva y apolínea, mucho más aceptable para él. Aunque, por supuesto, Platón no está exento de metis, y usa de ella como nos advierte Peter Kingsley en su obra En los oscuros lugares del saber. Allí el estudioso británico dice que, a menudo, Platón cuando bromea se está refiriendo a algo serio, y que al comentar algo pretendidamente serio, en realidad está bromeando. También describe este scholar la habilidad con la que el filósofo ateniense nos embauca acerca de Parménides para que parezca que él, y sólo él, es el heredero legítimo del sabio italiano.

En fin, después de Platón y Aristóteles la opinión sobre la metis no ha sido mucho mejor. Y, si bien se ha utilizado (en su dimensión más gruesa e interesada muchas veces) también ha formado parte de la “sombra” (en sentido jünguiano) de nuestra civilización. Es decir, lo reprimido, negado, e ignorado, en todos los sentidos de la palabra. Por esto llama la atención de Marcel Detienne y Jean Pierre Vernant, que decidieron escribir Las artimañas de la inteligencia allá por los años 80, y abrieron un campo de investigación vastísimo, apenas explorado hasta entonces. Supe de este libro singular examinando la obra del eximio experto en cristianismo primitivo Antonio Piñero. Resulta que el erudito español tradujo este ensayo del francés original.

Se rinden estos autores, como me rindo yo, a la metis, tan distinta de la adusta y fría razón… O, podríamos decir, su complementaria, volvemos a la unión de los contrarios:  el taimado y hábil Hermes completaba a su reposado y razonable hermano, Apolo.

Dos miradas para un mismo ser. Como el bifronte Jano (que mira al pasado y al futuro), cuyo verdadero rostro es invisible, así el de esos dos hermanos divinos, que no son más que vacío que genera dos formas opuestas en apariencia. Un vacío que se ensancha en un presente sin fin.

La rica semántica que encierra lo “mético” (ambigüedad, astucia, disimulo…) me trae también al recuerdo un libro muy querido del que también daremos noticia por aquí un día de estos: Realidad daimónica, de Patrick Harpur. Porque los seres que hacen de la metis su bandera (ya sean humanos, dioses, héroes, o animales) se parecen a los dáimones, que son seres intermedios (entre este mundo y el otro). Son ambiguos, ambivalentes, fronterizos (tienen querencia por el amanecer, el atardecer, los puentes, las encrucijadas). Y encubren su presencia mezclados con fraudes, disparates o confusiones. Por ejemplo los ovnis, que muchos dicen haber visto pero de los que no hay ni una prueba incontestable. De algunos han quedado incluso huellas, pero son tan burdas que no representan más que un señuelo, un jugar al despiste, pues no parecen entes físicos. ¿Y qué son? ¡Qué sé yo! Tal vez ni siquiera son algo. Forman parte de aquellas cosas que, sin mostrar una presencia fehaciente actúan en nuestra vida de algún modo. Como los sueños, los mitos, los cuentos de hadas, las verdaderas intenciones de los demás, lo que no hemos hecho pero anhelamos hacer, la ironía… Todo lo que es solapado, oculto, enigmático.

La primera vez que supe de esta palabra, metis, fue leyendo En los oscuros lugares del saber, antes citado. Kingsley, el autor, se refiere a esa capacidad como propia de los que yacían en esos oscuros lugares, los santuarios de Apolo y Asclepio (entre otros), aguardando con paciencia y la consciencia atenta. ¿Y a qué aguardaban? A que el misterio se hiciera presente en su interior.

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21 comentarios en “Las artimañas de la inteligencia

  1. Brillante nota, Pepe querido. Se te extrañaba por tu blog, pero con una exposición tan clara y bien plantada como ésta, la espera vale el gusto.

    Nuestra cultura ancestral madre, la griega, para toda el mundo occidental, es el manantial al cual siempre hay que regresar para reforzarnos y retomar el camino.

    Abrazobeso grande, amigo mío. Siempre, un deleite leerte. Y todo el éxito, además con la novela.

    • Siempre tan amable, Ernesto. Mirando ahora los comentarios veo que no figura el que te dejé en respuesta hace un par de días. De modo que te respondo ahora de nuevo. Acojo con alegría tus palabras y coincido con tu reflexión. Efectivamente, la cultura clásica helénica siempre tiene algo que ofrecernos. Y después de más de dos mil años agotando la misma cantera (la que ha dado lugar a la filosofía académica y la ciencia) quizá ha llegado la hora de examinar otras manifestaciones menos visibles. Pero que encierran, en mi opinión, un saber bastante más profundo sin que esto quiera decir que tengamos que renunciar a nada sino simplemente ampliar nuestros mapas mentales.
      Enorme abrazo para ti, y muchas gracias por tus ánimos. Espero que te vaya muy bien con tus nuevos blogs y con la difusión de tu obra.

  2. Interesantísimo post, querido José…
    Entiendo que la metis pueda relacionarse con una aptitud… Y, como señalas no es causal que Zeus se haya comido a Metis, antes de dar a luz (desde su cráneo) a Atenea (que tampoco es fortuito que, habiendo nacido de un cráneo sea la Diosa de la Sabiduría, no crees?).
    La lectura desde Platón podría vincular la metis con lo que él denomina Techné … Y que él considera que, desde el punto de vista gnoseológico, se ubica en un lugar inferior a la Episteme…
    Los equivalentes mitológicos que nos señalas son ciertamente acertados.
    La influencia de este concepto de metis a lo largo de diferentes relatos, de culturas tan variadas: increíble toparnos con un leitmotiv de tamaña importancia.
    Este post es excelente amigo. Me permito compartirlo en Twitter!. Gracias!
    Te mando un abrazo fuerte. 😀 🙂

    • Muchas gracias por tus amables palabras, Aquileana. Dices con acierto que la metis puede relacionarse con una aptitud y con el concepto platónico de techné. Lo único es que no hay que perder de vista que “metis” abarca mucho más que eso, hasta el punto de resultar un concepto muy difícil de traducir. Entraña habilidad (lo que la relaciona con la techne), flexibilidad ante las circunstancias, atención y observación, saber de la experiencia, y, por supuesto, pillería, entre otras muchas cosas. Platón tendía a un ideal apolíneo, más racional, rectilíneo, adusto, tratando de reprimir su sombra afín a Hermes y a la metis. Efectivamente, como apuntas, Platón desprecia los saberes prácticos que no dependen directamente de la razón dialéctica porque parecen más ligados al cuerpo que al alma. En fin, muchas gracias por tu comentario como siempre lleno de inteligencia y apercepción. ¡Y gracias por compartir el post!
      Recibe un fuerte abrazo de vuelta.

      • Excelente respuesta!…. La metis es ciertamente como se desprende de tus palabras un concepto “polisémico”. He leído en varias ocasiones a Vernant. A Detienne no… Pero este libro y el tema… me lo apunto. Quizás hacia mitad de año podríamos hacer una colaboración (en Inglés-Castellano, si quieres). Tu vienes con este post y buscamos un par de ejemplos en mitología griega, etc…. qué dices? (me encantaría: no te lo propongo antes, porque tengo ocupada la agenda del blog con otros bloggers… En cualquier caso, me anticipas la respuesta por este medio, dale?. Un abrazo grande.

      • Gracias Aquileana. Seguro que disfrutarás con este libro. Y, claro que acepto tu ofrecimiento. Para mí será un honor asomarme a tu magnífico blog en calidad de colaborador. Cuando lo consideres me avisas con lo que necesites para preparar tu post, ejemplos mitológicos hay muchos ya en el principio del libro. Como experta que eres en el tema seguro que te resultará divertido y excitante. Un abrazo enorme para ti.

      • Amigo, excelente! 😀 Obviamente te conecto en Junio. Me encanta el tema que has propuesto y el abordaje aquí… Encontraremos buenos ejemplos de la metis em mitología (de hecho ya has referido algunos: buscaremos más). Gracias por aceptar. Un abrazo muy grande, querido José 🙂

    • Muchas gracias Antonio. La escasez de tiempo, y otras veces la mala gestión del mismo me llevó a ello. En lo sucesivo espero ser más regular escribiendo por aquí. Encantado de tu visita, un fuerte abrazo.

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