Las Arcas de Noé, José Ignacio Cervera Nieto

Arcas

Hoy he venido a hablar de mi libro. Como dijo aquel dandy malhumorado que se empeñaba en cruzar todos los umbrales de la vida y las letras. Voy a hablar de mi libro, sí, sin mucha convicción. He dudado bastante en incluirlo entre la nómina de los textos comentados en este blog. Pues no se trata de una obra de especial mérito.

Y no es este escrúpulo de escritor, pues no soy escritor. No es falsa modestia pues a la modestia la hecho en falta. Confieso que he leído, mucho o poco, y eso me confiere una dolorosa lucidez a la hora de examinar mis propios escritos. Mientras tecleo estas palabras deseo con impaciencia acabar esta entrada y que llegue la redacción de la próxima, pero, en fin, pasemos el trago.

Esta novela mía llamada Las Arcas de Noé, me llevó escribirla tres meses de gozo, sorpresa continua, algo de dolor… Y varios años de enfadosa reescritura, corrección, añadiduras, descartes, nueva reescritura… El resultado no está a la altura de tanto desvelo pero lo di por bueno para descansar y ocupar la mente en otras cosas. Entre otras, en este baldío blog en barbecho.

Antes de escribir este libro estaba lastrado por un bloqueo. Me preguntaba, ¿cómo puñetas voy a escribir una novela si no leo novelas? Es decir, no tengo tan interiorizados los mecanismos de la novela, pues he frecuentado más otros géneros.

Este interrogante surgió mientras leía un consejo de Stephen King para escribir mejor. Me pedía que tomara una novela de mi estantería y la abriera por una página al azar. Miré y remiré, y sólo encontré dos (en otro lugar tengo muchas más, claro). Me di cuenta de que las dos eran de Herman Hesse, haciendo juego con mi interminable colección de libros de psicología, espiritualidad, filosofía…

Y, claro. Me dije, ¿no será mejor escribir un ensayo? Luego me fijé otra vez en la novela de Hesse, Demian. Y me di cuenta de que este autor no escribía novelas que fueran meras narraciones. En sus escritos había un decisivo trasfondo interno, la interioridad de los personajes era el verdadero eje. Le interesaba de modo extraordinario el alma de las personas.

De esta forma comprendí que algo parecido era lo que yo buscaba. Escribir una narración, llamémosla “novela”, que fuera también mezcla de ensayo y otras cosas. Lo que pretendo con este libro más que contar una historia, que también, es narrar la vida de un héroe. Pero no como los héroes que pueblan los cómics, películas o series. Sino como los que presidían los Misterios de la Antigüedad: Heracles, Aquiles, Dioniso, Eneas… O Perséfone, Astarté, Isis…

Aquellos que bajaron al inframundo para retornar a la vida fortalecidos, exultantes, libres del miedo a la muerte, conocedores del misterio que da sentido y movimiento al mundo. Pero el Noé de mi historia no es nadie extraordinario, sino humano, demasiado humano que diría el otro. Rodando por una vida sazonada con prodigios excesivos pero no fantásticos, desgracias, amores, pérdidas, triunfos…

Parte de esta historia transcurre en el perdido continente atlántico, la Atlántida. Una isla descomunal en la que el verdadero tesoro no consiste en avances tecnológicos desorbitados sino en la sabiduría incomunicable que aguarda a los iniciados. Noé pasa su infancia y adolescencia en un poblado costero de la Atlántida, entre la selva y el mar. Desde pequeño admira, como todos, el espectáculo de los Hijos del Sol surcando el cielo en sus globos aerostáticos (algo de tecnología avanzada sí que hay). Decide que él va a ser uno de ellos, y, para ello, se marcha de la seguridad de su aldea para cruzar el desierto y llegar a la lejana ciudad de Tisverán donde lograr ese deseo.

Allí, después de diversos avatares y peligros, es iniciado finalmente como Hijo del Sol y marcha en uno de esos globos como emisario de la paz y los tratos comerciales de su nuevo país. Lo que sigue es un continuo ir y venir por un antiguo mundo globalizado y acosado por tiranías. En el ocaso de su vida, siendo un canto más que rodado por el río de la existencia, Noé, que siempre ha sentido una especial conexión con la Inteligencia que mueve la vida, presiente que algo muy grave va a suceder: el Diluvio. Y en lo que sigue hay una parte familiar para quien conoce el cataclismo bíblico, y un capítulo final con nuevas enseñanzas para el protagonista.

Quisiera pensar que esta historia logrará entretener o aportar algo al lector que se adentre en sus páginas. Si no es así no importa, hay miles de libros que sí lo harán.

 

[La novela está publicada en Amazon https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_ss_c_1_16?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Dstripbooks&field-keywords=las+arcas+de+no%C3%A9&sprefix=las+arcas+de+no%C3%A9%2Cstripbooks%2C231&crid=11MKZXZICIAVT.

No obstante, a los seguidores de este blog que estén interesados en leer el libro les enviaré una copia gratis en pdf o doc. No tienen más que escribirme al correo joseignaciocn@hotmail.com.]

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17 comentarios en “Las Arcas de Noé, José Ignacio Cervera Nieto

    • Muchas gracias, Antonio. Mi novelita está bastante lejos de tu monumental Los caballeros de Valeolit, pero bueno ya camina por el mundo. Y los hijos, tanto si son físicos como de otro tipo no les parecen feos a sus padres. Ya te he enviado el libro en doc y epub, espero que puedas leerlo en este último formato. La novela está publicada en papel sí, también con Amazon. Y en el correo que te he mandado se me olvidó decirte que muchas gracias por ofrecerte a hacerme una reseña.
      Un abrazo, amigo.

  1. Resulta sumamente interesante la presentación.. El título, convocante por demás…
    Es increíble como el arquetipo del diluvio reaparece en muchas tradiciones, en la mitología de culturas diferentes, en tiempos y espacios distintos.
    Coincido en que llevar un hipotético ensayo al formato novela es una buena decisión…
    Un dato curioso es que los libros de no ficción (ensayos, poesía, por ejemplo) son los que menos venden en Amazon… Sabia decisión, amigo… Hasta me ha sucedido de leer novelistas que, de repente, recrean una historia, quizás usando implícitamente (y no tan en forma estricta) la estructura del viaje del Héroe de Campbell, que replica relatos épicos y mitológicos. 😉
    Te deseo lo mejor con el libro y espero encontrar tiempo para leerlo. Un fuerte abrazo 😀

    • Muy amable por tus palabras, Aquileana. En efecto, el tema del diluvio está presente en todas las culturas de todas las épocas. Lo cual habla de un fondo mítico-espiritual común, y, más que probablemente, de similares cataclismos físicos que inspiraron los relatos sagrados.
      Cuando escribí la novela tenía en mente un esquema narrativo, unas ideas rectoras, incluso unos personajes-tipo, pero todo ello saltó por los aires porque el relato cobró vida propia y me fue llevando a mí por donde le dio la gana. Por eso comento que esos meses de escritura consistieron en una sorpresa tras otra, porque cada día al sentarme a escribir no sabía qué iba a pasar. Iban muriendo o desapareciendo personajes y yo asistía impotente al espectáculo, sufriendo esas pérdidas como el protagonista. En fin, sólo por esa aventura mereció la pena escribir este libro. Mencionas a Joseph Campbell con gran acierto pues de hecho tenía en mente su Héroe de las mil caras y otros libros suyos cuando decidí escribir mi novela. Sólo que orienté más el modelo a los misterios griegos, influido por un libro que es recurrente en mis comentarios y sin el cual mi texto sería diferente: En los oscuros lugares del saber. Como siempre muy sagaz e inteligente en tus comentarios, Aquileana, plena de “metis” y de “logos”. Muchas gracias por tus buenos deseos, y que disfrutes si decides hincarle el diente a las Arcas (si quieres te mando una copia gratuita en epub, doc o pdf). Un abrazo grande.

      • Gracias querido amigo por esta gran respuesta… A raíz de lo que me comentabas, pensaba en la dicotomía Planster/plotter de los anglosajones. El Plotter tiene en mente el plan de la historia (libro) y escribe para llegar a un desenlace que, en gran medida, ya está previsto por quien escribe… En cambio, el Panster se deja llevar… No sabe cuál será el desenlace de la novela. Pero escribe y hace camino al andar, escribiendo. Quizás el esquema de Campbell ya sea de alguna manera un hilo que entreteje temas y tramas. Quizás sea una estrategia Plotter, por así decirlo!…. Gracias por el ofrecimiento del libro… Te escribiré un mail más adelante a propósito de la colaboración nuestra (veo tu correo en mis comentarios de WordPress, cuando los edito! 😉 ) y lo vemos por esa vía…. me encantaría leerlo…. Sé que hacia mediados de año voy a teer mayor disponibilidad para hacerlo, por cuestiones de un trabajo intermitente de este momento. Mil gracias. Abrazo grande! 😉

      • Sugestiva tu aportación, no conocía esa dicotomía que comentas. En mi caso, claramente, me he dejado llevar. Y luego ha venido un trabajo más consciente de corrección que puede llegar a ser inacabable. El esquema de Campbell desde luego que imprime carácter. Bueno pues estamos en contacto, Aquileana, muchas gracias por tu comentario que siempre añade datos interesantes. Gran abrazo.

  2. Por supuesto que yo ya descargué mi copia desde Amazon, en cuanto anunciaste el feliz parto, mi querido Pepe, y en breve me estaré sumergiendo en sus párrafos. Tu esfuerzo seguro que está coronado de éxito y tu honestidad para presentarnos tu novela mueve más de lo que imaginas a leerla.

    Muchas felicidades, de nuevo, Pepe, y vaya un grande abrazobeso, amigo.

      • Eso ni lo dudes (pero entiendo tu inseguridad, yo tampoco termino por sentirme satisfecho del todo cuando decido dejar ir mis escritos). Conozco tu escritura a través de tu blog, y aunque tu libro es ficción narrativa y no, artículo-ensayo, el estilo de uno no se pierde jamás.

        Te mando enorme y afetuosos abrazobeso desde este lado del charco hasta allá, Pepe.

    • ¡Muchas gracias! Ya ves que reniego de la condición de escritor en el propio post. Pero lo cierto es que pocas cosas hay que me llenen más en la vida que escribir, y leer. Desde que aprendí con cuatro o cinco años. Gracias y un abrazo.

  3. Pingback: “Las arcas de Noé”, de José Ignacio Cervera Nieto | ESCRIBIR, PENSAR, AMAR, REZAR

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